El momento de gloria para Amezcua; su HR da el octavo título a Culiacán

COLUMNA PALCO PREMIER DEPORTES JORGE LUIS TELLESok

 

-Decidió en el segundo inning del sexto de la final

 

-La víctima, Oscar Rivera, de Venados de Mazatlán

 

-Cierre dramático, con relevo de Jorge Campillo

 

-También ganaron la Serie del Caribe de Venezuela

 

 

Adán Amezcua toma su turno en la caja de bateo, sin imaginar, tan siquiera, que se trata del turno más importante en su carrera dentro del beisbol profesional mexicano.

Martes 29 de enero de 2002:

Sexto partido de la serie final por el título absoluto de la temporada 2001-2002 de la Liga Mexicana del Pacífico, entre Tomateros de Culiacán y Venados de Mazatlán. Estadio “Angel Flores”, completamente abarrotado. Tomateros tiene ventaja de 3-2; pero le falta un triunfo más para volver al campeonato. Todavía hay mañana para los guindas – no así para los rojos -; pero la indicación del presidente del club, Juan Manuel Ley López (en los vestidores) ha sido tajante: “si no ganamos ahora, mañana nos puede cargar la chingada. Así que ya lo saben cabrones: a dejar el alma en el terreno de juego”.

Un sexto partido, en serie campeonil, siempre tiene esas implicaciones para el equipo de casa, a menos que esté abajo en la lid, lo cual no es el caso de Tomateros, por esta ocasión. A Juan Manuel Ley, casualmente, le ha tocado vivir ambas situaciones, a lo largo de la historia del beisbol invernal de nuestro país.

Oscar Rivera, el pitcher de Mazatlán, ha retirado en orden la primera entrada; pero en esa segunda ronda, se mete en problemas y permite dos corredores en base, ya con dos outs en el marcador. Y se enfrenta a Adán Amezcua – casualmente originario del puerto – a quien coloca en dos bolas y un estraick. El siguiente envío es el intento de una curva hacia la esquina de afuera que se queda en el centro del plato. Amezcua hace gran contacto y el batazo es salvaje: una línea que se estrella contra los espectaculares del jardín izquierdo, para un jonrón espectacular que pone 3-0 arriba a Culiacán, ante el delirio de la multitud. Eufórico, Adán recorre las bases. Sabe que, en efecto, ese puede ser el mejor batazo de su vida como profesional.

Vicente Padilla, a su vez, lanza por Tomateros. Junto con Rodrigo López ha sido el uno-dos en el staff de pitcheo de Paquín Estrada y con un serpentinero de esa categoría se advierte, desde el principio, que puede ser una ventaja definitiva.

Paradójicamente, el jonrón de Amezcua – escribimos ahora en tiempo pasado – fue el único error de Oscar Rivera en el partido. El zurdo lanzó seis entradas completas y fue tal su dominio que después de esa segunda entrada, la poderosa artillería de Tomateros ni tan siquiera logró sacar la bola del cuadro. Pablo Ortega y José Luis García trabajaron durante los dos innings finales, sin mayores dificultades. Sin embargo, el daño ya había sido letal.

En contraste, Venados de Mazatlán constantemente estuvo encima del nicaragüense Vicente Padilla, entrada por entrada; acortó distancias a un 3-2 y en el noveno capítulo Mazatlán colocó corredores en tercera y primera, lo que prendió las luces de alarma en el estadio “Angel Flores” y por supuesto en la caseta del equipo guinda.

Paquin Estrada – retornamos al tiempo presente – camina lentamente hacia el centro del diamante y dirige su mirada hacia la zona de bull pen, donde ya están listos el derecho Jorge Campillo y el joven zurdo, velocista, Oliver Pérez, ansioso por entrar al campo de batalla. Paquín confirma que el bateador en turno es Daniel Fernández y se inclina por la experiencia: Campillo.

Con 18 mil personas al filo de la butaca, Jorge toma las cosas con calma; se concentra en lo suyo y trabaja al “Danny Fernández”, quien conecta una línea floja por el prado derecho, aparentemente dificil; pero que Crhiss Lattam fildea hacia adelante. Y para cuando exclama “¡I got it!” ya la multitud celebra, eufórica, el octavo título para Tomateros de Culiacán y quinto para la cuenta personal del manager Paquín Estrada.

Alegría mayúscula, directamente proporcional al sentimiento de los tres últimos años, cuando la afición de Culiacán vivió las mayores decepciones de su historia.

En la temporada 2000-2001, por ejemplo, cuando Tomateros de Culiacán ni tan siquiera logró la calificación a los “play offs” y se le asignó oficialmente el último lugar en la temporada regular. Ese año, Culiacán fue sede de su primera Serie del Caribe y los guindas, paradójicamente, ni pintaron. Naranjeros de Hermosillo fue el campeón y vino a Culiacán, donde la fanaticada, hay que decirlo, lo respaldó con la misma emoción que lo hubiesen hecho con Tomateros.

En la 1999-2000, perdieron la serie semifinal, precisamente ante Naranjeros de Hermosillo, el odiado rival. Esa vez, Hermosillo dejó todo contra Tomateros y fue barrido en la gran final por los Mayos de Navojoa.

Y en 1998-1999, los Tomateros cayeron en la gran final ante los Aguilas de Mexicali, con el agravante de que la serie terminó en cinco partidos y que el quinto se efectuó aquí en el “Angel Flores”. Unica vez, a propósito, que un equipo ajeno se ha coronado en la casa de los Tomateros. Una noche muy triste para la fanaticada local, con otro detalle: el manager de Mexicali era…¡Paquín Estrada!

El último título, había sido el bicampeonato, en la campaña 1996-1997. O sea: cuatro temporadas de estiaje. Sin título para Culiacán.

Había que celebrar, entonces.

Y Culiacán lo hizo en grande.

La verdad de las cosas es que la versión 2001-2002 de Tomateros de Culiacán fue, a final de cuentas, una aplanadora. Un digno campeón.

Mire usted: al concluir el calendario regular, Tomateros fue primero de manera global con 13 puntos, lo que le garantiza iniciar en casa todas las series de postemporada, fase en la cual eliminó primero a los Yaquis de Obregón y después a los Naranjeros de Hermosillo. A ambos en cinco partidos.

Aquel era un verdadero trabuco, con un roster de esta magnitud:

Amezcua y Carlos Gastelum, en la receptoría.

Brian Banks – campeón en cuadrangulares -, Benjamín Gil, Nick Punto, Roberto Vizcarra, Humberto García y Cuco Cervantes, en el infield.

Darrell Sherman, Kit Pellow, Crhiss Latham, Mario Valdez y Eduardo Jiménez, en los jardines.

Y Rodrigo López, Vicente Padilla, Jorge Campillo, Luis Ignacio Ayala, Oliver Pérez, Rigoberto Beltrán, Natanael Reyes, Enrique Quiñonez, Jeff Kippen y José Silva, en el cuerpo de pitcheo.

Este equipo, con sus refuerzos correspondientes, viajó a Venezuela en febrero de ese año y se trajo el título de la Serie del Caribe, exactamente seis años después de la conquista del primero en Republica Dominicana. Por vez primera no hubo una espera de diez años para un nuevo campeonato.

Asi va la historia de la gran franquicia guinda.

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