columna joseluis

Para el amigo Jaime Sánchez Duarte, nuestro más sentido pésame por el fallecimiento de su querida hermana Celsa, que en paz descanse.

 

La expresión más plástica y contundente de lo que comentamos el lunes pasado sobre la reunión de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), que promovió el gobierno mexicano, fue la del ex canciller Jorge Castañeda, quien le tupió duro hasta a los aliados, acusando de “irse con la finta” a quienes creen que AMLO puede proponer una “Unión Americana” con Estados Unidos y Canadá, parecida a la Unión Europea, argumentando que eso ya se propuso hace 20 años con la Asociación de Libre Comercio de las Américas (ALCA), propuesta por Bill Clinton en 1994, retomada por George Bush en 2001 y que boicotearon Venezuela, Argentina y Brasil.

 

Y remata Castañeda Gutman que esa posibilidad no existe y afirma que tampoco existió antes, ignorando el reciente TLC ( Tratado de Libre Comercio de Estados Unidos, Canadá y México) desde 1994, que duró diez años su discusión y que surgió como proyecto a fines de los años setentas y se consolidó en 1989 con el “Consenso de Washington” (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y el Tesoro de Estados Unidos), quienes trazaron la política económica para Latinoamérica que prácticamente ha predominado desde entonces.

 

De ahí surgió el TLC (hoy T-MEC) e indiscutiblemente ha sido una medida geopolítica, que frente a la crisis de Estados Unidos ante la competencia mundial, específicamente con China, es indudable que así como revisó y modificó el TLC, el T-MEC puede seguir esos pasos en corto tiempo, sería factible estar hablando con más propiedad de esta posibilidad de la “Unión Americana”.

 

El TLC hace cinco años comenzó su renegociación y ya hay reuniones bilaterales, por lo menos entre Estados Unidos y México, para revisar algunas clausulas del nuevo T-MEC, pero es indiscutible que la pandemia del COVID-19 y la precipitación del cambio climático han acelerado las visiones sobre la necesidad de reordenar el mundo, y todos en sus respectivas regiones buscan la mejor manera que los coloque mejor en la competencia mundial.

 

Esta es una conclusión generalizada que en el mundo se necesitan nuevos acuerdos, que todos los están buscando y que los que se aíslen van a perder, o a seguir perdiendo.

 

Por eso, la idea de AMLO expuesta hace dos meses de una unión de todos los países de América, al estilo de la Unión Europea, no es una ilusión, es una ingente necesidad que nos impone la guerra económica que se libra en el mundo.

 

Seguramente tenga razón el ex canciller Jorge Castañeda en cuando a la viabilidad de este acuerdo de la “Unión Americana” a fines del siglo pasado, pero lo que ha sucedido desde entonces a la fecha acumula muchos argumentos que entonces no existían y que ahora afloran con toda contundencia que hacen la iniciativa prácticamente indiscutible y que solo amerita viabilizar mediante un poderoso esfuerzo de diálogo y voluntad política.

 

De que es una tarea titánica y extremadamente difícil, lo es, pero no es inviable. Ya lo hicieron los países de Europa, se han creado múltiples acuerdos regionales en el mundo ¿Por qué no sería posible una “Unión de las Américas”?

 

La fobia y resabios es común que obnubilen el pensamiento. AMLO ha sido un feroz rival ciertamente, pero si propone algo tan necesario ¿Por qué objetarlo?