columna jose luis lopez duarte

 

Según las mediciones estadísticas más recientes, de nuevo aparecen en la palestra política los mismos personajes encabezando las preferencias electorales, como Héctor Melesio Cuén, Jesús Vizcarra, Rubén Rocha, un poco más abajo Gerardo Vargas, Aarón Rivas y Jesús Valdez, que si se observa a simple vista, todos pueden ir en una misma fórmula electoral el 2021.

 

Porque es de todos conocido que desde el primero hasta el último, todos tienen nexos directos o indirectos con MORENA y AMLO, quizá con la excepción de Aarón Rivas, quien se mantiene quizá más en la lógica de un frente antimorenista y/o continuar en el PRI.

 

Héctor Melesio Cuén sólo tardó unos días después de la elección del 1° de julio para volver a su ritmo habitual de recorrer todo Sinaloa “día y noche”, “yendo y viniendo” con sus campañas políticas amparado en el PAS, pero además construyendo puentes con el amlovismo en la perspectiva de nuevos tiempos y quizá ya hasta con una alianza pactada desde ahora.

 

Jesús Vizcarra, quien por sí mismo representa no solo una marca empresarial y comercial, sino que también lo es en la política, a quien se le considera “el poder tras el trono” de Quirino Ordaz Coppel, aliado de primer nivel de López Obrador y orquestador de MORENA en Sinaloa.

 

Rubén Rocha ha sido una pieza que jugó como el alfil principal de Jesús Vizcarra en la organización de la campaña de López Obrador el 2018 y se mueve como una pieza política, con la senaduría ahora, quien pretende romper o superar esa relación que lo coloque como aspirante a la gubernatura por sí mismo, situación que le permita abrir su cancha y abanico de juego político, trabajando duro por poner en orden en MORENA y por supuesto dirigir ese partido.

 

Un poco más atrás, se coloca Gerardo Vargas Landeros, quien trabaja arduamente para sostenerse en el escenario y se esfuerza por tener alianzas al seno de MORENA del brazo de su presidente interina Yeidckol Polevsnky.

 

Jesús Valdez y Aarón Rivas, aunque su militancia abierta en el PRI se ve sólida, ambos son políticos prácticos y hechos en las disputas del poder, por lo que no se arredrarían ante un escenario con la probabilidad de un acuerdo entre todas estas fuerzas que han gobernado juntos en buena manera.

 

Estas salidas políticas locales sui géneris van adquiriendo mayor probabilidad en la medida que se precipita el deterioro de AMLO, le fallen sus operadores al gobierno y las fuerzas de MORENA como partido político no se expresen con contundencia por su falta de unidad.

 

Muy pronto el presidente de la república va a “patear el balancín” corriendo a varios funcionarios de primer nivel, como algunos secretarios, se va a replantear el concepto de la llamada “4° Transformación” y les va a decir de qué tamaño la quiere, profundizando en un nuevo programa, como también es probable que se replantee las alianzas políticas que hasta hoy tiene.

 

Es obvio que el gobierno de AMLO sólo marcha bien en los diez programas sociales donde distribuye 10 mil millones de pesos al mes, inversión que le da un poderosos soporte popular, pero de ahí en fuera, los diversos renglones de la gobernabilidad no están funcionando y si se tardan más se van a entrampar y las salidas locales como pinta Sinaloa puede ser una opción.

 

Porque si hacen lo de Baja California y Puebla, primero defenestrado a Jaime Martínez Veloz para que se convirtiera en candidato del PRD después de 20 años de andanzas con AMLO, y segundo, permitir que Miguel Ángel Barbosa se alzara como candidato en Puebla con el deterioro tan grande de su imagen en la sociedad poblana van a ir de fracaso en fracaso. Ya veremos.