Hoy, la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) entra en una fase crucial de su historia con las comparecencias de los candidatos a rector para el periodo 2025-2029. Denisse Díaz Quiñones y Jesús Madueña Molina tendrán la oportunidad de presentar sus propuestas en cuatro sedes clave: Mochis, Guamuchil, Mazatlán y Culiacán. Este proceso culminará en la votación programada para el próximo 9 de abril, donde se definirá quién tendrá la responsabilidad de liderar una institución que enfrenta retos sin precedentes.
A diferencia de ciclos pasados, la trayectoria hacia esta elección se ha caracterizado por una notable estabilidad y ausencia de controversias mayores. Esta calma previa al desarrollo del proceso electoral puede interpretarse como un indicador de la madurez política alcanzada por la comunidad universitaria, así como de su deseo de consolidar la autonomía y el autogobierno que con tanto ahinco ha defendido la comunidad universitaria a lo largo de su historia.
Sin embargo, la verdadera prueba de fuerzas se presentará durante las comparecencias, donde cada candidato deberá articular no solo su visión para la UAS, sino también cómo enfrentar las crisis que la institución y su entorno social deben atravesar en el futuro inmediato.
La coyuntura actual de la UAS es compleja y multifacética. En primer lugar, nos encontramos ante una crisis internacional que reconfigura el panorama del desarrollo y la acumulación de riqueza, poniendo en jaque el modelo tradicional basado en el individualismo exacerbado y el bien privado, muy en línea con la política del gobierno de Estados Unidos, que sigue influyendo en los modelos económicos globales. Este contexto internacional demanda que la UAS se replantee su rol, no solo como centro de conocimiento, sino como actor comprometido con su entorno social y económico.
En segundo lugar, a nivel nacional, la propuesta de un estado proteccionista impulsada por la 4T ha suscitado una serie de tensiones que afectan directamente a la universidad. La UAS deberá posicionarse frente a esta reestructuración que desafía la libre competencia y redefine el espacio académico en el país. Necesitará desarrollar estrategias que no solo respondan a estas tensiones, sino que también fomenten un ambiente de cooperación y colaboración con otros actores en este nuevo orden emergente.
Por último, la quiebra del crimen organizado en Sinaloa representa una crisis de seguridad y económica que podría extenderse hasta 2026. Este fenómeno se traduce en un aumento de la violencia y la inseguridad, lo que interfiere en el desarrollo académico y social. Ante este panorama, el futuro rectorato de la UAS debe convertirse en un bastión de propuestas viables que ayuden a mitigar estas problemáticas y promuevan soluciones tangibles para una sociedad herida.
La elección del próximo rector o rectora no será solo un acto administrativo; será, en esencia, un acto político de gran calado. La UAS tiene la responsabilidad de forjar un camino claro hacia la gobernabilidad y la paz social, convirtiéndose en un agente proactivo que dialogue y colabore con la sociedad y sus instituciones. En este sentido, aunque los últimos dos años hayan estado marcados por tensiones significativas entre el gobierno de Sinaloa y la UAS, también han generado un terreno fértil para la colaboración y la búsqueda de soluciones conjuntas.
En conclusión, la UAS no solo debe ser reactiva ante estas crisis; debe ser inteligente y generosa. La nueva administración universitaria tiene la oportunidad de construir políticas públicas efectivas que contribuyan al bienestar de la comunidad sinaloense. La historia reciente ha demostrado que la mejor forma de enfrentar desafíos es a través de la colaboración y el entendimiento mutuo. Ojalá ambas instituciones comprendan que, al final, su crecimiento y estabilidad están intrínsecamente ligados.