columna jorge luis telles circular

= Gestionan de manera sincronizada programas para el Estado

 

= Capitulo inédito a lo largo de la historia política de Sinaloa

 

= Un hecho, construcción del puente sobre la presa “Huites”

 

= El rector de la UAS, Jesús Madueña, con el gobernador electo

 

= Los nueve años del PAS, como partido político en la entidad

 

Las gestiones que en conjunto realizan el gobernador y el gobernador electo de Sinaloa ante diferentes instancias del gobierno federal confirman lo terso del periodo de transición que se vive ya en la entidad, al tiempo que envían a la sociedad una clara muestra de civilidad política, que deberá repercutir en beneficio directo de nuestro Estado.

Quirino Ordaz Coppel y Rubén Rocha Moya no es que anden juntos -ni mucho menos tomados de la mano – para todos lados; pero si aparecen con frecuencia en algunos encuentros con funcionarios públicos de primerísimo nivel, ante quienes tramitan temas pendientes para el periodo gubernamental por concluir y también asuntos, por supuesto, que comenzarán a fluir a partir del primero de noviembre, que ya está a la vuelta de la esquina.

El otro día, en la mesa de análisis del noticiero Alta Voz (del grupo Chávez Radio), recordábamos que la última ocasión en la historia de Sinaloa que gobernador electo y gobernador en funciones aparecieron juntos en público fue en el proceso de cambio entre Mario López Valdez y Jesús Aguilar Padilla. Sucedió allá por septiembre-octubre de 2010, cuando ambos acudieron a la cámara federal de diputados para empujar, juntos, por un mejor presupuesto para 2011, el cual finalmente ascendió a eso de los 55 mil millones de pesos.

Acertado siempre en sus comentarios y sus criterios, el reconocido periodista Francisco Chiquete apuntó que, en efecto, así fue; pero que fue una reunión, al parecer, “muy a huevo”, en la que fue fácilmente apreciable la incomodidad tanto de MaLoVa como de Jesús Aguilar, así como de sus respectivos equipos de trabajo. Si con esto pretendían mandarle una buena señal a los sinaloenses, sucedió exactamente todo lo contrario.

Eran tiempos en los que el periodo de transición se prolongaba por espacio de seis larguísimos meses, durante los cuales era más que obvia la impaciencia del gobernador electo por acelerar el paso del tiempo y la prisa del gobernador en funciones por cumplir promesas y por dejar las cosas en orden al interior de la administración.

El intento, sin embargo, fue bueno a secas. Medio lo hubo entre López Valdez y Quirino y hasta ahí. Entre Juan Millán y Jesús Aguilar no fue posible porque fue hasta el 28 de diciembre de 2004 -apenas tres días antes de su toma de posesión – cuando Aguilar Padilla fue declarado gobernador electo por el tribunal electoral del Poder Judicial de la Federación. Tampoco lo hubo (al menos no en público y con comunicados de prensa) entre Renato Vega y Juan Millán, ni entre Renato y Francisco Labastida ¡mucho menos! entre Labastida y Antonio Toledo Corro.

Bajo esta circunstancia es lógico que llame la atención esta muestra de civilidad política entre Quirino Ordaz Coppel y Rubén Rocha Moya, que reafirma, como lo señalábamos líneas arriba, las condiciones para un proceso de sucesión tranquilo y ordenado aquí en Sinaloa.

Conviene recordar, además, la muy buena relación entre Rocha y Quirino. Ambos fueron compañeros de gabinete con Jesús Aguilar -Rocha como coordinador general de asesores; Quirino como subsecretario y luego secretario de Administración y Finanzas – y Rocha Moya, como usted sabe, se desempeñó en la misma posición en el gobierno de Quirino, aunque solo unos meses, entre febrero y septiembre de 2017.

¿Es bueno esto para Sinaloa?

Por supuesto que sí.

Ahí está, como ejemplo, el encuentro de hace unos días con el subsecretario de la STC, Jorge Nuño Lora, quien garantizó la construcción del puente, en las inmediaciones de la presa “Huites”, en el municipio de Choix, que destrabará, al fin -tras larguísimos años de gestiones- la terminación de la carretera entre Topolobampo y Chihuahua, que ya nació en las costas de Sinaloa y que se extenderá hasta la frontera con Estados Unidos, con el consiguiente beneficio para la economía nacional y regional.

Salvo mejor opinión, amigo lector.

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Por cierto.

En su última actividad pública de la semana pasada, el gobernador electo de nuestro Estado se reunió con el rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa, el doctor Jesús Madueña Molina. Tanto Rocha como Madueña se encargaron de subir la foto correspondiente a sus redes sociales, muestra de su interés por hacer el encuentro del conocimiento general.

Días atrás, el rector de la UAS también lo había hecho con el gobernador en funciones, Quirino Ordaz Coppel.

Madueña Molina apenas y si suma poco más de dos meses en el cargo -tras relevar a Juan Eulogio Guerra Liera- y en este espacio la institución ha cumplido cabalmente con sus obligaciones salariales (vacaciones y prima vacacional, incluida), lo que tiene de plácemes a la comunidad universitaria; sin embargo ya se acercan otro tipo de compromisos, para los cuales la UAS requerirá, ineludiblemente, de apoyos extraordinarios tanto del gobierno federal como del estatal.

Uno de ellos, el más próximo, es la necesidad de una partida extraordinaria – de alrededor de 150 millones de pesos – para el acondicionamiento de la infraestructura universitaria, ahora que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha ordenado el regreso a las actividades escolares presenciales en todos los niveles educativos y en todo el país.

Otro, los recursos necesarios para el cierre de año, ahora que ya septiembre toca a nuestras puertas. Septiembre, el mes que un abrir y cerrar de ojos nos coloca en el epílogo del año.

Decir que Rubén Rocha fue rector de la UAS entre 1994 y 1997 es innecesario porque es tema del dominio general, igual que es ocioso pensar que, durante su administración, la Universidad Autónoma de Sinaloa recibirá un apoyo sin precedentes de parte de gobernador alguno. Es inconcuso precisar que Rocha tiene los mejores planes para nuestra máxima casa de estudios superiores; pero, más allá de sus intenciones, no será nada fácil ante lo complicado de las finanzas públicas de nuestro país.

Por lo pronto, el rector Madueña ya hace su tarea y la hace bien.

Tras dos meses al frente de la centenaria institución, el actual rector ha navegado sobre aguas tranquilas; pero ya se acercan las fechas de turbulencia, de las que solo podrá sobrevivir con el apoyo del nuevo gobernador y también, por supuesto, del gobierno federal.

Suerte.

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Mientras.

El 14 de agosto de 2013 -un año después de las elecciones presidenciales que llevaron al triunfo a Enrique Peña Nieto – nació oficialmente el Partido Sinaloense, una vez que los ciudadanos de nuestra entidad lo certificaron en las urnas electorales, al obtener, de manera sobrada, el porcentaje de votos suficientes para su registro como partido político local.

La idea surgió de Héctor Melesio Cuen Ojeda, tras su participación como candidato a senador de la República en las elecciones de 2012, bajo las banderas de Movimiento Ciudadano, en las cuales conquistó una buena votación; pero no la suficiente como para llegar a la cámara alta del Congreso de la Unión. Esa buena votación, sin embargo, fue lo que animó a Cuen a crear un partido, con jurisdicción en Sinaloa, a reserva de proyectarlo, en su momento, en el ámbito nacional.

El PAS tuvo su primera experiencia electoral, entonces, en 2013, comicios en los que alcanzó tres diputaciones locales y regidurías en una buena parte de los municipios de la entidad. Más tarde, en 2016, participó en las elecciones para gobernador del Estado, con Cuen como candidato y posteriormente en las de 2018. Ahora, en el 2021, volvió a la contienda, en alianza con MoReNa, para postular a Rubén Rocha Moya como candidato al gobierno de la entidad.

En este 2021, el PAS alcanzó su mejor resultado electoral (como derivación directa de su coalición con el Movimiento de Regeneración Nacional) al conquistar 8 diputaciones locales, 6 presidencias municipales y regidurías en los 18 ayuntamientos de la entidad.

Si, el PAS llega a su noveno aniversario, en su mejor momento sin duda.

Convertido en un partido de tiempo completo -que trabaja todos los días del año – y en una opción verdadera, real y rentable, para el electorado, el Partido Sinaloense se apresta para cogobernar Sinaloa (al lado de Rubén Rocha) desde sus posiciones en el Congreso del Estado y en los ayuntamientos, más las que se sumarán en la estructura administrativa del Poder Ejecutivo en Sinaloa.

Existen, entonces, sobradas razones para el festejo.

¡Salud!

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