columna oscarMe inclino ante los altares humildes y olvidados

y no desdeño nada ni a nadie.

Walt Whitman

 

Pidamos perdón a Vannia Ximena porque no hicimos nada para preservarle la vida. Ahora tenemos una dolorosa historia que nos desgarra el corazón y que cuestiona de fondo no sólo el modelo de economía, sino las instituciones y mecanismos con que cuenta el Estado mexicano para prevenir y atender situaciones de alto riesgo para las familias y los menores de edad. Y también pregunta por las ausencias de la sociedad civil organizada. Nada de lo que somos y tenemos como autoridad y como sociedad sirvió de tablita de salvación para evitar la catástrofe que cobró la vida de la menor de edad mencionada.

 

Vannia Ximena formaba parte de una familia humilde, en donde el padre tiene que migrar a los Estados Unidos en busca de un trabajo que le reditúe mejores ingresos para sostener a su familia, en tanto la madre se desempeña como empleada de una tienda de conveniencia, de esas que imponen una jornada de trabajo que se prolonga hasta 12 horas. La atención a los hijos se vuelve, en esas condiciones, en un asunto de proporciones muy complicadas. Y sin la presencia de los padres en el hogar, al menos por dilatadas horas, se incrementan los riesgos de los hijos estando en casa, en la escuela y, mayormente, en la calle.

 

Al regreso del trabajo, la madre cansada de su intensa jornada laboral desea llegar a su casa y tener el consuelo de encontrarse a los hijos esperando su presencia. Pero Vannia Ximena yace sin vida. Creyendo que aún puede insuflarle vida la lleva ante el Hospital de IMSS. Ya no se podía hacer nada por la menor de 11 años. Cualquiera sean las circunstancias es una verdadera tragedia para la familia y para la sociedad. Más aún cuando la Fiscalía General del Estado no está convencida de que Vannia se haya suicidado.

 

De la visita de nuestra visitadora Sara Acela a la casa paterna de la menor concluimos que la niña vivía en una familia funcional, pero con un entorno que poco ayuda a la paz y tranquilidad de los núcleos familiares. La niña iba a la escuela primaria, donde su madre se desempeña como responsable de la tienda escolar y podía observarla dinámica, alegre y amiguera. Por la entrevista con los padres y la abuela, sabemos que Vannia Ximena vivió los días previos al 14 de febrero con la misma ilusión y fantasía con que lo reciben todos los niños y adolescentes. Su WhatsApp es el espejo de lo que vivió en esos días. No hay ninguna huella de las que suelen dejarse de parte de los suicidas. Esperaba regalos de sus amigos. Como toda niña que extraña al padre ausente lo comentaba con su madre y en la red social. Más aún, media hora antes de que se encontrara sin vida habló por teléfono con su padre.

 

El modelo de vida que tenemos obliga a los padres a buscar trabajo fuera de nuestros lugares de residencia y hasta del país, como es el caso presente y lleva a las madres a trabajos indecentes donde las jornadas de trabajo son interminables y las prestaciones sociales un vago fantasma. Es cierto que unos pocos nada podemos hacer contra esa realidad que al final de todo lo padecen las personas más vulnerables, como los niños, como la niña Vannia. Sin embargo, algo tenemos que hacer, porque aparte de las condiciones de pobreza y las limitaciones que impone para el cuidado de los hijos, el sistema económico y social crea monstruos que agreden y arrebatan la vida a seres tan tiernos y bellos como Ximena.

 

Hay otro problema en la comunidad de Ruiz Cortines, del que ya habíamos dado cuenta anteriormente: tres personas con padecimiento de tuberculosis. Son dos mujeres y un hombre. Las dos mujeres tienen el antecedente de haber tomado tratamientos sin terminarlos y que permitieron a la bacteria responsable de la enfermedad una tozuda resistencia hacia esos medicamentos. El hombre está relativamente en mejores condiciones. El cuadro planteado presenta dos situaciones preocupantes, pues la Secretaría de Salud, de acuerdo a la información de los pacientes, no están recibiendo medicamentos y porque viven en una comunidad, con otros familiares y tienen vecinos a los lados. Todo ello puede desembocar en una crisis de salud en la localidad.

 

Urge que la Secretaría de Salud tome cartas en este problema. Y que las tomé ya. Actuar con negligencia es apostar a que haya malas noticias en las que se nos informe que la enfermedad gana un terreno que debió haber permanecido a salvo de este padecimiento. La Comisión de Defensa de los Derechos Humanos hará en breve una visita a la Comunidad de Ruiz Cortines, Guasave, con el fin de volver a documentar los casos señalados y hacer el reclamo correspondiente sobre la falta de atención a los mismos.

 

Las dos situaciones planteadas obligan a las autoridades a realizar un trabajo más comprometido tanto en la defensa de las familias en Sinaloa, como a no bajar la guardia hasta erradicar lo más pronto posible el problema de la tuberculosis, que es en nuestro tiempo una dolencia de pobres. Es cierto que en no pocos de los casos son personas que vienen de otras entidades federativas a Sinaloa. Y vienen a trabajar. Son seres humanos, son connacionales y son generadores de riqueza, estamos obligados a la solidaridad más elemental. Y en el caso de las familias que padecen la pérdida de algún miembro como es el caso de Vannia Ximena, nos impone el compromiso como autoridad y como sociedad de ser más vigilantes, muy preventivos en las políticas públicas y trabajos en seguridad. Vale.

 

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X @Oscar_Loza