columna jose luis lopez duarteHoy han iniciado (formalmente) las campañas electorales y aquí, en Sinaloa, inmediatamente del prólogo que expuso el escritor y periodista, Pablo Hiriart, en la presentación de su libro “El Destructor” donde reseña, con evidencia y múltiples opiniones, el carácter del presidente López Obrador, el significado de su vida, su gobierno y lo que será, de darse un resultado adverso para su partido, el rechazo de la derrota.

 

Hipótesis que coincide con la de quienes dibujan escenarios para el 2 de junio, que fijan fundamentalmente, tres momentos: que gane holgadamente Claudia Sheinbaum, que exista un final “fotofinish” o que gane holgadamente Xóchitl Gálvez.

 

En el primero, no habría ningún problema, en el segundo seguro estallaría un conflicto y en el tercero sin pronostico por que no sabrían cuál sería la reacción del presidente López Obrador. Esta última, sustentada en la involución democrática hacia un autoritarismo dictatorial que ha dibujado en lo que va del 2024.

 

Bajo esta perspectiva, la competencia ha iniciado, con el gobierno de la 4T y su partido, volcados en una operación de la elección de estado, donde tal parece romperán todos los obstáculos, incluida la ley.

 

El reto para la oposición es enorme y para empezar, pues candidatos tendrán que vestirse de colosos y definidos, como los cruzados, a no regresar sin el laurel de la victoria.

 

El factor principal de la batalla no será el de la fuerza, el de quien alinea más formaciones, sino de quien toca la fibra de la sociedad.

 

Históricamente, por lo menos los últimos 30 años, no hay sexenio que no termine matando sueños y esperanzas, ni cambio de rieles políticos sin generar ilusiones. Por eso no hay encuestas que valga ni candidato seguro, por que se trata de catalizar en la sociedad, de cimbrar las emociones, encantar los corazones y despabilar las conciencias.

 

Y para eso, es indispensable no pensar en la derrota y que siempre, la voluntad popular es superior a cualquier imperio político.

 

La oposición debe despertar la sensación de la razón, en capacidad de cambio y la fortaleza de la resistencia, para hacer valer los triunfos, por eso, desde hoy no hay nada para nadie.