= Alarmas activadas en la estructura del partido
= Perdió las 16 diputaciones de mayoría en juego
= Inesperado resurgimiento del Revolucionario Institucional
= Un aviso claro de lo que podría venir el año venidero
= La UAS, al borde de una crisis económica estructural
Lo anticipado: MoReNa sufrió, el pasado domingo, su más humillante derrota en las urnas, desde el apoteósico triunfo de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones presidenciales de 2018. Fue en Coahuila en los comicios para diputados locales y lo peor: fue el PRI, su odiado rival el que lo barrió materialmente de la contienda, al ganarle, con holgura, los 16 distritos electorales de mayoría relativa en juego.
En efecto, de acuerdo a los datos del Programa de Resultados Electorales Preliminares, que cerró en un 95 por ciento, el PRI, aliado con un partido local, registraba el 55 por ciento de los votos, contra 26 puntos porcentuales de la coalición MoReNa-Partido del Trabajo. En números ordinarios: 650 mil votos para el tricolor y su socio; 309 mil para MoReNa y el PT.
Ya en el conteo por distritos: los 16 para el PRI-UDC. Sin sombra de duda.
Un resultado similar, nunca lo había sufrido MoReNa, desde 2018 a la fecha y eso quiérase que no, nos lleva a dos aristas claramente definidas:
Por un lado, un llamado de alerta (todavía en color ámbar) para MoReNa.
Por otro, la ratificación de que nadie es imbatible en una contienda (ni politica, ni deportiva, ni de negocios) y consecuentemente que el partido fundado por Andrés Manuel López Obrador no es invencible, como se ha llegado a pregonar.
Sin embargo, más allá de números y reflexiones, hay algunos otros puntos que, de arranque, no pueden pasar inadvertidos, bajo ninguna circunstancia.
Veamos:
-Primero, que el Partido Verde Ecologista Mexicano no fue en alianza con MoReNa, lo que es un síntoma inequívoco de que las relaciones al interior de la Cuarta Transformación no están tan bien como nos lo presumen.
-Segundo, que a diferencia de hace tres años, el PRI no se coalicionó con el PAN, lo que le da todavía mayores méritos al resultado del domingo anterior.
-Tercero, que, con el 95 por ciento de avance, el PREP otorga menos de 3 puntos porcentuales tanto al PAN, como a Movimiento Ciudadano y al mismo PVEM, circunstancia que los coloca al borde del precipicio en lo que a la conservación de su registro como partido corresponde, al menos en el estado de Coahuila, situación que tendrá que ser definida por el instituto electoral local.
-Cuarto, que con estos números, ninguno de estos tres partidos estarán representados en el congreso coahuilense, salvo que de manera misteriosa -lo que no es imposible – les aparezcan algunos votos por ahí.
Y:
-Quinto, que a pesar de la distancia tan grande en cuanto al numero de votos, las diferencias podrían no ser tanto a la hora de la asignación de diputaciones por el principio de representación proporcional. Son 9 “pluris” y el OPLE-Coahuila podría otorgárselas todas a MoReNa y ninguna al PRI, para no caer en la clásica sobre representación, aspecto que, a juicio personal, llegará hasta los tribunales de aquella entidad.
Y en suma: victoria grande para el PRI, sin duda, en correlación con la aparatosa derrota de MoReNa; pero esto, créamelo, no constituye una base sólida como para adelantar resultados parecidos -que no similares – al proceso previsto para el 2027. En política, tiempos y circunstancias son cambiantes, máxime cuando existe todo un año de por medio.
Salvo mejor opinión, amigo lector.
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Y bien.
¿Por qué esa victoria contundente del PRI en Coahuila, cuando es un partido que por enésima ocasión ha sido colocado en condición de muerto y enterrado, con la consiguiente acta de defunción?
En primer lugar porque se trato de una ratificación de los sucesos de 2023. El PRI ya desde hace tres años controla la cámara local.
En segundo, porque Manolo Jiménez, el gobernador de ese estado, es uno de los mejores calificados a nivel nacional; porque en Coahuila impera un clima de solida gobernabilidad y porque ha impulsado a la entidad a grandes parámetros de desarrollo a nivel nacional.
Y en tercero, porque, quiérase que no, la lucha politica y los problemas del país -particularmente en seguridad – le han pegado a MoReNa y le han pegado fuerte. Es una aseveración, no una interpretación, dejémoslo claro.
Sin embargo, volvemos a lo mismo, lo de Coahuila no tiene porque replicarse exactamente en otros estados el año venidero. Las entidades federativas de México, cierto, podrán tener problemas en común; pero las condiciones y las circunstancias no son exactamente similares.
En resumen: un tanque de oxigeno para el PRI y suero vitaminado para seguir en la contienda. Para MoReNa, un llamado de atención y la aceptación de que no son invencibles. O lo que es lo mismo: que todo puede suceder.
¿No?
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Mientras.
La Universidad Autónoma de Sinaloa inició el año con una deuda del orden de mil 600 millones de pesos.
En los primeros meses ha pagado mil 009 millones.
De esos, 390, de 619 que debe al gobierno del Estado.
Y 619 mdp al IMSS, al INFONAVIT y al SAT.
Es decir, durante los próximos meses tendrá que cubrir adeudos por 600 millones de pesos, para mantener condiciones de operatividad en todos los sentidos.
¿Cuánto tiene la UAS en caja en estos momentos?
Buena pregunta.
Los números aquí dados a conocer, son datos del propio rector Jesús Madueña Molina, en el marco del primer informe correspondiente a su segundo periodo consecutivo al frente de nuestra máxima casa de estudios superiores.
Madueña Molina -cosa que se le tiene que reconocer – se jugó la totalidad de su capital político al negociar, en su momento, una modificación de fondo a la Ley Orgánica de la UAS, que conllevó a la aplicación de una plan de reingeniería financiera, que fue muy bueno en teoría; pero que en la práctica no ha dado los resultados esperados.
De conformidad con las primeras cuentas en la UAS, con la reingeniería financiera se terminarían los problemas ancestrales de la institución; pero, según las propias expresiones del rector, no se ha recibido ninguna respuesta clara del gobierno federal. Es más, hace tres años que los recursos extraordinarios brillan por su ausencia.
Así las cosas, ahí esta la UAS al borde del colapso, amenazada con una nueva crisis de proporciones insospechadas, situación que, de vincularse con las condiciones imperantes en el gobierno del Estado, golpearía, en un momento dado, a todo Sinaloa.
Ya lo verá usted.
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A manera de colofón.
La destacada periodista mazatleca, Nelly Rejón Ortíz, falleció el sábado próximo pasado allá en el puerto. Justo un día antes de la fecha en la que se conmemora la libertad de expresión, que para muchos es algo así como el día del periodista.
Nelly fue esposa de Sergio Galindo, controvertido analista político de Mazatlán, que se hizo en El Sol del Pacifico y que por algún tiempo breve (allá por 1980) fungió como subdirector de El Sol de Sinaloa (cuando se usaba esa figura) al lado de don Herberto Sinagawa Montoya, aquí en Culiacán.
Sergio murió, hace ya varios años, en un accidente automovilístico, cuando se dirigía al aeropuerto de Mazatlán a recoger a un caro amigo. Se desempeñaba como corresponsal de un prestigiado diario capitalino y Francisco Chiquete define que estaba en su mejor momento.
A la partida de Sergio, Nelly, su esposa, tomó el toro por los cuernos y asumió la titularidad de la corresponsalía, a pesar de su poca experiencia en el quehacer periodístico. Lo hizo bien. Tanto así que luego invadió el mundo de la radio para colocarse como una de las comunicólogas más escuchadas en el selecto mundo del sur de nuestro Estado.
Nuestros recuerdos y reconocimiento.
Y descanse en paz.
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Hasta aquí.
Ya nos vamos.
Dios los bendiga, ahora y siempre.
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