Si algo nos ha enseñado el circo político mexicano es que no todos los actores juegan con las mismas reglas ni tienen las mismas intenciones. La frase “cabeza de león o cola de ratón” pinta justo eso: conductas oportunistas disfrazadas de valentía, pero que en el fondo solo buscan sobrevivir y acomodarse sin importar el costo. Y hoy, si hablamos de ese fenómeno, difícilmente podemos dejar fuera a Movimiento Ciudadano (MC), que se mueve como equilibrista en la cuerda floja del poder, mientras la cuasi dictadura de la 4T avanza y avanza en México.
Este es el dilema nacional, el verdadero nudo gordiano que todos, políticos o ciudadanos de a pie, debemos enfrentar: ¿de qué lado estás? Porque ya no hay medias tintas, ni estrategias “particulares” que valgan. La lucha es clara: o te sumas al bloque opositor que realmente contrapone a Morena y la 4T, o te conviertes en cómplice, en parte del problema. Aquí no se negocian principios; aquí se construye unidad real para frenar la ambición desmedida que hoy encarna el gobierno cuatroteista.
Sin embargo, lo que vemos es otra cosa. MC, nada menos que un partido que presume ser “la oposición emergente”, jugó a favor de la reforma electoral morenista. Sí, esa reforma que pretende blindar la elección de Estado y seguir consolidando el dominio absoluto de la 4T. Esa jugada no es estrategia, es rendición. Es abrirle la puerta a Morena para que siga avasallando sin límite alguno. Y pretender justificarlo es una burla, un intento de engañar a propios y extraños.
Como alguien escribió, en México hay tres tipos de oposición: la por consigna (PRI y PAN), la parasitaria (PT y Partido Verde), y la emergente, que supuestamente sería MC. Pero, ¿de qué emergente hablamos cuando esa “oposición” se diluye, se amansa y termina arrodillada ante el patrón? MC no está combatiendo la anti-democracia ni el atropello nacionalista de la 4T; está entregándose, formando parte del mismo problema que dice enfrentar. Eso no es oposición, es claudicación.
Y ojo, que no se trata de vestirnos de pureza política y señalar con el dedo. El PAN y el PRI han cometido sus yerros y hasta traiciones internas, sí, pero eso no exonera a MC de su papel pernicioso: ser más que un tapete, un actor que se mueve en función de intereses personales y no de la defensa del país. No podemos olvidar que MC nació bajo la sombra y con la visión de Dante Delgado, un personaje que, como el “profe Anaya” del PT, sabe bien cómo jugar el juego del poder sin perder sus propios beneficios.
Por eso no se puede calificar a MC como oposición emergente cuando actúa igual que PT, o peor, cuando se pone del lado que debería enfrentar. Ninguno de esos dos partidos debería estar aliado con Morena y la 4T; son piezas del mismo engranaje corrupto y autoritario. La única salida es construir un frente amplio y firme, que convoque a todas las fuerzas reales que quieran detener el avance de la dictadura disfrazada de revolución ciudadana.
Un frente amplio no es teoría ni bonito discurso; es la necesidad urgente de sumar y unir, dejando atrás divisiones y ambiciones personales. Porque si el país quiere encontrar un rumbo distinto, ese camino debe ser compartido por todos los que luchan contra Morena, sin importar origen o color político. La meta es clara: poner un alto definitivo al atropello y evitar que el abuso siga siendo ley.
Así que, no caigamos en el engaño ni en el disfraz barato de “oposición emergente” para MC. Es hora de llamar las cosas por su nombre: entrega, complicidad y servilismo ante la 4T. Queda claro: o estamos firmes en el combate democrático, o las ambiciones y mesquindades de algunos terminaran arrastrándonos al precipicio del autoritarismo.
En este ring sin árbitro, la nación observa y espera que las decisiones sean claras, contundentes y con principios. Porque en esta pelea no hay espacio para dobles caras ni juegos sucios disfrazados de alianzas. México merece líderes que realmente lo representen y no que negocien su futuro por cuotas de poder desde las sombras.