En diciembre de 2025, México tomó una decisión crucial al imponer aranceles de hasta un 50% a productos importados de China, afectando cerca de 1400 fracciones arancelarias, con especial énfasis en el sector automotor. Este movimiento se presentó como parte de una estrategia del gobierno mexicano para reindustrializar el país, pero, al mismo tiempo, fue una respuesta a las crecientes presiones de Estados Unidos frente a la inminente revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) en 2026. Los Estados Unidos buscan contener la creciente influencia de China, que ha convertido a México en una plataforma comercial para la introducción de sus productos hacia el mercado estadounidense.
La balanza comercial entre ambos países ha mostrado un crecimiento exponencial que debería preocupar a cualquier funcionario encargado de la economía. En los últimos años, el déficit comercial de México con China creció de 20,000 a 130,000 millones de dólares, lo que representa un aumento alarmante que pone en entredicho la capacidad del país para sostenerse económicamente. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, lo resumió de manera contundente: «le compramos $13 y le vendemos uno». Esta asimetría comercial no solo afecta la economía, sino que también tiene repercusiones en diversos sectores, como el de la tecnología, la maquinaria y, por supuesto, el calzado.
Tomemos el caso de la industria del calzado en Guanajuato, que una vez fuera líder en América Latina y ocupaba el décimo lugar a nivel mundial con 214 millones de pares producidos anualmente. Desde 2020, esta industria ha sufrido un golpe devastador debido a la competencia desleal de productos chinos, resultando en una caída del 30% en el empleo relacionado con este sector en solo cinco años. Esta dramática disminución subraya la fragilidad de la industria nacional ante un marco global donde las importaciones baratas amenazan la producción local. Es vital que la administración de Claudia Sheinbaum tome acciones concretas para reactivar y proteger estos sectores productivos.
El compromiso del grupo Coppel de comprar el 20% de la producción de zapatos en Guanajuato, garantizando la adquisición de 40 millones de pares, es un primer paso alentador para evitar el colapso definitivo de la industria del calzado. Aun así, no es suficiente. El gobierno mexicano necesita establecer más alianzas estratégicas con empresas nacionales e internacionales, además de implementar medidas para combatir el contrabando en otras áreas críticas, como el camarón de Ecuador, y fortalecer la producción de aguacates, acero y componentes automotrices.
La necesidad de atraer inversión interna y externa es innegable. Para que México pueda emerger como una verdadera plataforma industrial que sustituya las importaciones chinas, es fundamental diversificar sus fuentes de ingreso y asegurar niveles óptimos de producción local. La próxima revisión del T-MEC no debe ser una mera formalidad; debe ser una oportunidad para redefinir y priorizar la agenda comercial mexicana para la próxima década.
El camino por delante es complejo e incierto, pero el gobierno tiene la responsabilidad de adoptar una postura clara y decidida. La protección de la industria nacional, así como el fomento de la competitividad, son imprescindibles para no solo sostener la economía mexicana, sino para garantizar un futuro próspero y sostenido. Cada decisión tomada hoy influirá en el perfil económico del país en un entorno global cada vez más desafiante, y es nuestra obligación como ciudadanos seguir de cerca estas decisiones, exigiendo transparencia y eficacia en la política económica.