=Inusual definición en la Serie del Caribe
= Culiacán quedo a nada de su tercer campeonato
= Charros de Jalisco refrendó dominio sobre los guindas
= Pese a todo, buena temporada; buen torneo caribeño
Si la remontada de un 1-9 fue verdaderamente increíble, más increíble fue como llegó la derrota para Tomateros de Culiacán (México Verde) ante Charros de Jalisco (México Rojo) en la definición del campeonato de la edición 2026 de la Serie del Caribe, desarrollada hace apenas unos días en la ciudad de Guadalajara. Tan poquitos, que no somos pocos aun los que no superamos la depre provocada por el desaguisado.
De acuerdo, hay quienes pretenden borrar el amargo sabor de boca con aquello de que esos que terminaron por perder 12-11, ni tan siquiera eran los Tomateros de Culiacán, a quienes de hecho la propia directiva de la LAMP había transformado en una selección “resto de la Liga” -después de proveer a los Charros de los refuerzos solicitados, por supuesto -; pero la justificante no fue lo suficientemente convincente: perdimos y ya.
Los Charros nos ganaron un noveno juego de manera consecutiva (3 en el rol regular, ya con Lorenzo Bundy al timón de la nave; los 4 de la serie final y los últimos 2 en la Serie del Caribe) y esto ya cala. No solo lo celebran los seguidores de Jalisco -que han crecido gradualmente tras doce temporadas – sino quizás más ruidosamente los aficionados de otras plazas, que no simpatizan precisamente con los Tomateros de Culiacán. Antes ese sentimiento se inspiraba en una abierta antipatía contra Benjamín Gil; pero ahora el Bengie está del otro lado y ni así. Finalmente, por algo debe ser.
La verdad de las cosas, un triunfo en ese juego final del torneo caribeño, nos hubiera lavado la cara, aunque no lo suficiente como para borrar la barrida en la serie final, por cierto, la primera que los Tomateros sufren en la instancia suprema. A mi juicio, ganar un campeonato en la llamada “serie mundial del beisbol latino” es relevante; pero lo más importante es el titulo de la liga, de los cuales Culiacán suma 13 en 60 años de historia.
Tomateros pudo haberlo ganado (lo tenía, era suyo y lo dejó ir, reseñaría el legendario “Perro Bermudez”) y con eso convertirse en el equipo representante de México con más galardones al llegar a 3 en total -de hecho es el más ganador de juegos en Series del Caribe para la LAMP -; pero hubiese siempre un cetro con asteriscos: como subcampeón de su liga, aunque al final del día da exactamente igual.
De paso, nos hubiera dado una gran satisfacción, una satisfacción que mucho ocupaba la gente de Culiacán, ante lo complejo que se ha tornado la vida en nuestra ciudad; pero, ni hablar, ya no nos tocaba. La ruta se veía complicada desde los primeros dos juegos del “pley off” contra Cañeros de los Mochis, cuando el equipo perdió a dos de sus más importantes elementos: JP Martínez y Dwight Smith, aportantes principales -junto con Luis Verdugo – a los 63 jonrones conectados por Tomateros durante la temporada regular.
Y de regreso al tiempo presente, pues si la remontada a 10 y la esporádica delantera a 11-10, nos hizo albergar muchas ilusiones y elevó al paroxismo la emoción -hasta se nos olvidó que solo había dos Tomateros en la alineación -; pero definitivamente no nos tocaba. No era para nosotros.
Ya vendrán nuevas oportunidades.
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Por cierto.
A Guadalupe Chávez, el lanzador de los dos “wild pitchs” que se convirtieron en las carreras determinantes, han querido cargarle la mano, cuando una buena parte de la responsabilidad era de Román Alí Solís, cuyos años como el mejor cátcher defensivo del beisbol mexicano ya son parte de la historia.
Si, fueron “wild”, de acuerdo; pero un Alí Solís en su mejor momento, hubiese detenido hasta con los ojos cerrados ambos lanzamientos.
Es que en las circunstancias en las que se encontraba el partido, todo serpentinero suele recurrir al clásico “piconazo” para salir del atolladero, más cuando hay un receptor de la talla de Román Ali; pero ni modo.
Las cosas no salieron y punto.
Y lo que pudo haber sido una fiesta enorme aquí en Culiacán -con todo y la cantidad de retenes militares – quedó en una gran desilusión.
Así es esto y así será siempre.
Digo.
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A manera de colofón.
Tras culminar la serie final de la temporada regular y después de la barrida ante los Charros de Jalisco, nos atrevimos a señalar aquí que, lo de los Tomateros de Culiacán no había sido un fracaso (como muchos lo calificaron) sino como otra gran temporada para el equipo guinda.
Y la verdad es que no podía ser de otra manera, al convertirse en uno de los cuatro equipos que se ubicaron co los máximos ganadores (junto con Jaguares de Nayarit, Naranjeros de Hermosillo y Yaquis de Obregón) y haber llegado hasta la gran final contra los Charros de Jalisco.
¿Un fracaso llegar a la gran final? Yo creo que no. ¿O acaso necesariamente tiene que ganarse siempre?
Reflexión similar a los acontecimientos en la serie del Caribe. Si se llegó a la final del torneo necesariamente tiene que hablarse de éxito. Si de fracasos queremos hablar, habría que referirnos a las representaciones de República Dominicana y Puerto Rico; pero no a la de México, menos al segundo lugar de la temporada oficial.
En ambos casos hay que ponderar los puntos buenos, que si los hubo y que pueden ser capitalizados favorablemente para experiencias posteriores.
Así de sencillo.
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