Es inconcebible que todavía existan sectores que no reconozcan el papel crucial que ha desempeñado la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) bajo el liderazgo de Jesús Madueña. Su reingeniería integral no solo ha sido una respuesta ante la crisis inminente de la jubilación dinámica, sino que ha representado un salvavidas en medio de un boquete financiero que, desde hace más de 45 años, ha puesto en jaque las finanzas universitarias. La situación actual es, sin duda, crítica: un 36% del presupuesto, equivalentes a más de 2600 millones de pesos anuales, se destinan a esta prestación contractual, muchos de cuyos beneficiarios han aportado poco o nada a lo largo de su trayectoria laboral.
La resistencia a aceptar la necesidad de reformas serias es, en esencia, un acto de caradurismo. Los mismos que se quejan hoy por los retrasos en sus pagos son los que, de no haberse implementado la reforma laboral en 2025, estarían enfrentando litigios interminables en los tribunales federales por el no pago de su jubilación. Es fundamental entender que la jubilación dinámica, si bien puede haber sido un beneficio en su momento, ahora se convierte en una carga insostenible para la universidad. La posibilidad de su eliminación no es sólo una amenaza; es una realidad ejemplificada por el desmantelamiento de programas similares en otras instituciones, como el IMSS, donde la Corte Suprema de Justicia ya sentó un precedente en 2011 al eliminar la doble jubilación para sus trabajadores.
El ámbito político actual, marcado por la austeridad republicana promovida por el gobierno de Claudia Sheinbaum, plantea un escenario aún más desolador. La reducción de presupuestos y la desaparición de ciertas instituciones ya están en la agenda, lo que nos lleva a cuestionar hasta dónde se recortarán los fondos de pensiones, que actualmente ascienden a 10 billones de pesos. Esta política ha dejado claro que el objetivo es recortar donde sea necesario, y los precedentes en otros sindicatos, como el de Luz y Fuerza del Centro, son devastadores.
A través de la historia reciente, hemos visto cómo decisiones apresuradas han llevado a situaciones caóticas. La desaparición de Luz y Fuerza del Centro, provocada por las políticas de Calderón y ante el relajo en cuanto al servicio de energía en la capital del país entonces gobernada por AMLO, dejó a miles de jubilados de dicha compañía con pensiones exorbitantes y cargando sobre la espalda del gobierno el peso de decisiones que escapan a su control. Hoy, con jubilaciones que superan los 700,000 pesos mensuales, el panorama es alarmante.
Los sindicatos, en lugar de aliarse con el sistema que adversan, deben buscar soluciones sostenibles que garanticen el bienestar de sus miembros sin poner en peligro la estabilidad de las instituciones. La falta de un soporte financiero sólido para la jubilación dinámica, tal como ha ocurrido en el caso del IMSS, es un claro indicador de que necesitamos un replanteamiento urgente.
La reingeniería integral emprendida por Jesús Madueña es el primer paso hacia un futuro más seguro para la UAS. Sin embargo, la resistencia a reconocer la necesidad de estos cambios puede tener consecuencias fatales. Hacer caso omiso a estas advertencias podría llevarnos a un punto de no retorno. Si aún existen dudas sobre la viabilidad de seguir con la jubilación dinámica en el contexto actual, es imperativo que quienes se aferran a este legado reconsideren su posición. No se trata de hacer un harakiri institucional, sino de adoptar una postura proactiva y responsable que salvaguarde tanto el presente como el futuro de nuestra universidad.
En conclusión, la UAS ha dado un paso adelante en tiempos difíciles, pero esto solo será sostenible si todos participamos en un diálogo constructivo y honesto respecto a nuestras realidades financieras. La transformación es inevitable; lo que está en juego es cómo elegimos enfrentarla.