Lo dice el refrán, y parece que Rubén Rocha está a punto de confirmarlo. Lo que mal empieza, mal acaba, y el cierre de su sexenio en Sinaloa huele más a circo que a gobierno. La realidad es que ya para 2027, cuando se elija a su relevo, el panorama político se dibuja con colores oscuros y enredados, donde Morena y la 4T parecen estar preparándose para repetir el mismo esquema electoral fraudulento que les resultó tan provechoso en 2024: campañas anticipadas y una elección de Estado al estilo clásico.
El espectáculo que ha montado Rocha, con su constante movimiento de piezas en el ajedrez político, no es más que una mascarada en la que se reciclan a algunos funcionarios como si fueran nuevos talentos de un reality show. Todo esto ocurre bajo un manto de autocracia donde el gobernante, cual niño en su búnker, mueve los peones creyendo que juega a la guerra, ignorando el caos reinante por fuera y la creciente insatisfacción social que genera su gestión.
Se aproxima el cuarto informe del gobernador, previsto para el 15 de noviembre, y aunque debería ser un momento de rendición de cuentas, parece que su mayor preocupación radica en quién lo sucederá en el poder y cómo garantizará la impunidad para sus allegados. La agenda parece clara: impedir que la verdad de su mandato salga a la luz mientras lucha por posicionar a alguien que continúe con la misma línea de negocio bajo este régimen.
La reciente visita del secretario de Seguridad Pública nacional no es casual. Más allá de actuar contra la inseguridad galopante en Mazatlán, su presencia suena a un toque de diana para la contienda interna de Morena. Se anunció que el candidato a gobernador será una mujer, decisión ya tomada por Claudia Sheinbaum. ¡Qué ironía! Mientras se discuten medidas de seguridad, el verdadero espectáculo es ver cómo se mueven las piezas de este ajedrez de intereses políticos.
Por si fuera poco, el nuevo episodio de renuncias en el gabinete de Rocha no hace más que confirmar la inestabilidad en la que navega el estado. La salida del secretario de Economía y de la Secretaría de Bienestar, esta última arrastrando graves acusaciones de malos manejos, nos muestra un gobierno que prefiere hacer limpieza superficial antes que enfrentar la cruda realidad. Entre tanto juego de sillones, Sinaloa sigue sumido en una crisis palpable, pero parece que a Rocha y su equipo les da igual.
Los nubarrones que se avecinan podrían oscurecer aún más el panorama. Con el T-MEC a la vuelta de la esquina y las elecciones intermedias en Estados Unidos, lo que ocurre en el norte influirá directamente en nuestras tierras. Los republicanos, con Trump al timón, buscarán afianzar su hegemonía y eso incluye presiones sobre México que podrían alterar el actual equilibrio en temas comerciales y de seguridad. La revisión del T-MEC, bajo un enfoque «Fast Track», puede volverse un arma de doble filo.
En este contexto, ¿quiénes serán los verdaderos beneficiarios de estos acuerdos? Difícil saberlo, pero lo que parece claro es que Sinaloa tiene un rol protagónico en esa obra de teatro que involucra narcotráfico, corrupción y una economía sedienta de justicia. Las presiones desde el norte ya asoman en el horizonte y habrá que ver cómo se comporta el gobierno sinaloense, atrapado entre su ambición desmedida y la realidad que explota en sus caras.
Así que, si bien el futuro de Rocha se presenta incierto, una cosa es segura: la historia política de Sinaloa está lejos de acabar con un giro triunfal. La irresponsabilidad y la frivolidad han sido las protagonistas de este relato, y como bien señala el dicho popular, difícilmente algo que mal empieza podrá acabar bien. Y vaya que esto apenas comienza.