-A nada del famoso «carro completo».
-La alianza de Morena con el PAS.
Tras su aplastante triunfo en la elección para senador y su arribo a la cámara alta del Congreso de la Unión como presidente de la comisión de Educación, era inadmisible no pensar en Rubén Rocha Moya como el candidato lógico de Morena a la gubernatura de nuestro estado para las elecciones de 2021.
—Si la busqué en 1986 y luego en 1998, cuando no tenía la menor oportunidad de ganar, pues con mayor razón ahora que las condiciones me favorecen —declaraba Rocha de manera recurrente, en la medida que las fechas se acercaban.
Rocha Moya, en efecto, había participado en la elección gubernamental de Sinaloa en 1986, contra Francisco Labastida Ochoa, al frente de una coalición de partidos de izquierda, por los cuales obtuvo 9910 votos, 1.67% del total. El priista Francisco Labastida, con 66.4%, ganó esa elección, airadamente cuestionada, por cierto, por el candidato del PAN , el ingeniero Manuel Clouthier del Rincón.
Eran los tiempos en los que el secretario general de Gobierno en turno se convertía en presidente del Consejo Electoral para organizar los procesos políticos, que, a su vez, eran calificados por el Congreso del Estado, constituido, por su parte, en colegio electoral. Todo en casa pues.
En 1998, después de su paso por la rectoría de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), Rocha lo intentó de nuevo, ahora bajo las banderas del PRD , frente a adversarios de la talla de Juan S. Millán, por el PRI , y de Emilio Goicoechea Luna, por el PAN . Rocha mejoró mucho respecto de 1986 al obtener 147 669 votos, que representaban 17.38% de la suma global. Por su parte, Juan S. Millán ganó con 398 485 votos (46. 91%) y Goicoechea fue segundo con 273 786 , que significó 32.22% del total. Ya no eran aquellos triunfos aplastantes, avasalladores en favor del PRI . Habían terminado las elecciones tranquilas para el Revolucionario Institucional, y la brisa de los nuevos tiempos comenzaba a perfilarse en el horizonte de Sinaloa y del país en general.
Fue en esta elección, la de 1998, cuando a mitad del proceso, trascendió una posible alianza de facto sugerida por Rocha a Goicoechea, bajo la tesis de que «cada quién por su lado, no vamos a ganarle a este cabrón; debemos unirnos para hacerle frente a ese demonio». Al menos fue lo que filtraron los especialistas en aquel momento; los mismos que anunciaron, apenas días después, el aborto de esa supuesta alianza de facto, cuando Rocha y Milín Goicoechea no llegaron a un acuerdo satisfactorio en cuanto a la cabeza de la fórmula. Obvio: la querían los dos. ¿Hasta que punto fue real? Lo ignoramos; pero ahí quedó para el anecdotario político sinaloense.
Ahora, en 2021, —insisto— la candidatura gubernamental para Rubén Rocha parecía lógica y natural, esperada por las huestes morenistas, convencidas de que ningún otro candidato —o bien, candidata— constituía una garantía plena de victoria. Sin embargo, hubo quienes no lo veían así: Luis Guillermo el Químico Benítez, presidente municipal de Mazatlán; Jesús Estrada Ferreiro, alcalde de Culiacán, y Gerardo Vargas Landeros (de aterrizaje forzoso en Morena , tras probar fortuna, sin éxito, en otros partidos) se apuntaron en la famosa encuesta de este partido para dilucidar la candidatura morenista al gobierno del estado, a convocatoria de la dirigencia nacional del partido amloista.
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El proceso interno fue largo, accidentado y desgastante para los aspirantes y sus respectivos seguidores.
Un día trascendía que Rocha estaba al frente de la encuesta; 24 horas después era el Químico Benítez y al tercer día surgía el nombre de Jesús Estrada Ferreiro. Inclusive, no faltaron quienes apostaran su resto en favor de Gerardo Vargas Landeros, político que siempre ha añorado las mieles del poder y que sueña con el retorno a los primeros planos del exgobernador Mario López Valdez, a cuya sombra se desempeñó, los seis años de su administración, como su secretario general de Gobierno: poderoso y omnipotente.
De tal magnitud fue el deterioro de ese procedimiento que, cuando menos en un par de ocasiones, Mario Delgado, presidente nacional de Morena , citó a los aspirantes a cónclave en Ciudad de México para dar a conocer el resultado de la famosa encuesta, que no era otra cosa que la expresión irrefutable de la voluntad del presidente López Obrador en todos los sentidos. Justo como sucedía en los «mejores» momentos del PRI . Ambas ocasiones, los aspirantes regresaron a Culiacán con las manos vacías: pero, seguros, cada uno por su lado, de ser «el bueno», aunque sin nada en su poder, al fin y al cabo.
A la postre, fue Rubén Rocha Moya el ganador de la encuesta, y a la sazón el candidato morenista. Sin embargo, Benítez y Estrada solo acataron la decisión cuando se les garantizó la reelección por las presidencias municipales de Mazatlán y Culiacán, respectivamente. Lo mismo sucedió con Gerardo Vargas, quien, sin hacer fila o sin «acamellarse» —como dicen en el beisbol de los llanos—, se vio con la candidatura de ese partido a la presidencia municipal de Ahome, ante la infructuosa y justificada protesta de los morenistas del norte del estado.
Y en ese maremágnum el PAS -a través de su presidente Héctor Melesio Cuén Ojeda- añadió un ingrediente adicional al rechazar las invitaciones de otros partidos y formalizar una coalición con Morena en un acuerdo expreso con el dirigente nacional, Mario Delgado, sin considerar ni criterios ni opiniones del candidato gubernamental. Una alianza con resultados muy por encima de los parámetros más optimistas, consecuencia de la astucia de Héctor Melesio: ocho diputaciones en el Congreso del Estado (cuando solo esperaban dos) y cinco presidencias municipales.
—Vamos juntos con el doctor Rocha. Juntos cogobernaremos nuestro estado — manejaba— manejaba Cuén, una y otra vez, frente los medios de comunicación, ante el áspero silencio del candidato líder en las encuestas púbicas sobre el particular, ya no las internas del Movimieno de Regeneración Nacional.
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Finalmente, Rubén Rocha Moya rompió la barrera del 50% en las elecciones para gobernador del estado en junio de 2021. Cosechó un total de 624 225 votos de un total de 1 102 822 emitidos, lo que representó 56.60% de la suma global. Sin embargo, esos 624 225 fueron apenas 19 622 más de los 604 603 que conquistó en la elección para senador de la República, con 48.3% del total. Victoria clara e indiscutible: sin mácula.
En esa elección para gobernador, Rocha Moya obtuvo, en efecto, 624 225 votos contra 358 313 de Mario Zamora Gastélum, lo que le dio una amplia ventaja de 265 912 , pero menor, en 31 696, a su delantera en el comicio senatorial. En porcentaje, Rocha Moya se disparó hasta un 56.6%; pero Zamora también mejoró a 358 313 y su porcentaje incrementó a 38.8%, para una desventaja de 17.8%, menor que en la elección para senador.
Inobjetable el triunfo de Rubén, máxime que en 2021 sufragó en su favor 56.6% de los ciudadanos comparecientes a las urnas, pero menos holgado que en el proceso del 2018. ¿La explicación? Sin duda, en la nueva alianza del PRI , que incluyó al PAN , en la llamada coalición Va por México, a la que ya pertenecía el PRD. Morena , en cambio, solo contó con un aliado, el Partido Sinaloense, en el entendido de que sus partidos «satélites» —PT, PES y PVEM — decidieron jugarla por su cuenta y riesgo en los comicios locales, mas no en las posiciones federales en disputa.
Hay que decir, en el mismo sentido, que el fraccionamiento del voto no influyó en nada en el resultado de la elección para gobernador. La única contienda real se trazó entre las alianzas Juntos Haremos Historia y Va por México. El resto de los partidos ni siquiera pintaron. Mire:
—Sergio Torres Félix, candidato de MC , generador de muchas expectativas, apenas y si alcanzó 31 897 votos (2.89%);
—Gloria González, del PT , 19 982 (1.81%);
—Rosa Elena Millán, de Fuerza por México, 12 396 (1.12%);
—Ricardo Arnulfo Mendoza, del PES , 11 285 (1. 02%);
—Misael Sánchez, del PVEM , 10 536 (0.96%), y
—Yolanda Cabrera, de Redes Sociales Progresistas, 8386, (0.76%).
Irrelevante la participación de una oposición fraccionada, resultante de una posible estrategia obsoleta y pesimamente diseñada.
A final de cuentas, Rubén Rocha ganó la gubernatura del estado y la mayoría calificada en el Congreso, con 28 curules y 15 de 18 presidencias municipales. Tres días antes de la elección, Rocha había vaticinado:
—Vamos por el carro completo. Ganaremos todo el próximo domingo.
Y sí. Por poco y lo logra.