En los últimos meses, hemos sido testigos de un escenario predecible, uno que se insinúa con la reingeniería financiera de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS). La discusión en torno a la creación de un fideicomiso indispensable para garantizar una jubilación dinámica no era simplemente otro punto sobre la mesa; era una lucha crucial contra la erosión de las finanzas de la universidad y un intento por preservar su viabilidad a largo plazo. La advertencia estaba clara: el gobierno de la 4T, con su limitada liquidez para el año 2026 y su despliegue irresponsable de recursos públicos, acabaría por tocar la puerta de los fondos de pensiones. La voracidad presupuestaria del gobierno actual ya había comenzado su asalto.
El círculo vicioso de política y economía se hizo evidente desde septiembre, mientras se debatía el presupuesto para 2026. La posibilidad de un déficit presupuestal similar al de 2025, alimentado por un gasto gubernamental disparado en las elecciones de 2024, inquietaba a muchos. La promesa de reducir ese gasto del 7% al 3.9% se transformó en un tímido 5%, mientras más de 3 billones de pesos, un alarmante 30% del total presupuestal, se comprometían a saldar deudas y alimentar programas sociales. La deuda pública, por su parte, se elevó a casi 20 billones de pesos.
La pregunta que surge, obvia como el sol de la mañana, es de dónde extraerá este gobierno su capacidad de gasto. Las respuestas no son sencillas, pero hay dos fuentes que brillan con un brillo tentador: las reservas internacionales y los fondos de pensiones del IMSS, del ISSSTE y de las Afores. Un verdadero festín si se perciben desde el prisma de quienes hoy ostentan el poder.
Y así llegamos al núcleo de la cuestión. El gobierno se manifiesta ante los fondos de pensiones, donde se proyecta que ahorrará 5 mil millones de pesos a las arcas del erario, una cifra irrisoria en el vasto océano de 10.4 billones del presupuesto nacional. Apenas el 0.005%. ¿No es eso una provocación? Un ruido ensordecedor que anticipa reacciones de los trabajadores que, al final del día, son los verdaderos afectados. La disociación entre la realidad económica y la retórica gubernamental se vuelve más evidente: hay un abismo entre lo prometido y lo que se entrega.
¿Es esta entonces la estrategia del gobierno de Morena? ¿Acaso su intención no radica en buscar los grandes montos que permanecen en las reservas internacionales y las Afores? Con 4.5 billones de pesos en reservas internacionales y 9.3 billones en las Afores, el espectro de un saqueo aún mayor se cierne sobre nosotros. Pero, curiosamente, se plantea la opción de transferir los fondos de aquellos que tienen 70 años o más y que no han reclamado su afore, bajo la promesa de devolverlos a tiempo. Es una jugada arriesgada, pues los derechos de los ahorradores son imprescriptibles. Sin embargo, a la vista de los desajustes actuales en los fondos de pensiones del IMSS y del ISSSTE, la propuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum se configura más como un artificio publicitario que como una solución real.
Atravesamos un laberinto de complicaciones financieras, donde salvar la creciente deuda pública parece ser un juego de ilusiones. El margen de maniobra para ampliar el gasto presupuestal es estrecho, pero la naturaleza de este gobierno nos demuestra que están dispuestos a hacer cualquier cosa por mantener sus niveles de operación. Ya lo hemos visto: su audacia y falta de escrúpulos los llevan a tocar todo lo que creen que les puede dar un par de pesos adicionales.
Mexico y sus sistemas de pensiones se encuentran en un momento crítico, donde el futuro depende no solo de la gestión interna sino también del entorno macropolítico y financiero que se cierne ominosamente sobre ellas. Es un juego peligroso, donde los perdedores, lamentablemente, serán aquellos que forjaron con su trabajo y esfuerzo el presente de nuestro país. El desenlace de esta historia todavía está por escribirse, pero lo que parece claro es que no será un cuento de hadas.