En un contexto marcado por la crisis internacional de los sistemas de pensiones y las dificultades financieras que afectan tanto a instituciones públicas como privadas, es innegable que el rector Jesús Madueña Lagas ha emprendido una reingeniería integral desde el pasado primero de enero. Su objetivo: recuperar la viabilidad financiera de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) y crear un fideicomiso que garantice una jubilación dinámica que beneficie a todos los trabajadores. No obstante, resulta sorprendente que aún haya quienes no reconozcan la efectividad de estas medidas.
La situación de las pensiones en México es alarmante. La intervención de la Suprema Corte en casos relacionados con jubilaciones infladas y fraudes internos pone de manifiesto un sistema en crisis. A modo de ejemplo, el Sindicato Mexicano de Electricistas, de la extinta «Luz y Fuerza del Centro» ilustra cómo la falta de regulación puede llevar a la creación de «castas doradas». Con 14,000 jubilados que devengan 26,000 millones de pesos anuales, se evidencia un desbalance que amenaza la sostenibilidad a largo plazo.
En este mismo marco, la doble jubilación que impera en ciertos sectores, como el caso de la UAS, plantea un dilema ético y financiero. La combinación de pensiones del IMSS y jubilaciones dinámicas deviene un lastre para las arcas públicas, que ya absorben un 17% del presupuesto nacional, cifra que podría elevarse al 23% considerando otros programas sociales. En 2025, estamos hablando de 1.7 billones de pesos destinados a pensiones, sin contar el gasto en apoyos para adultos mayores de 65 años y mas, que abarcaría más de dos billones de pesos.
Es, por lo tanto, fundamental reconocer el esfuerzo del rector Madueña, no solo por su capacidad de implementar cambios necesarios, sino por lograr un consenso notable en torno a sus propuestas. Con una proporción de nueve votos a favor por cada uno en contra, el respaldo obtenido es testimonio del deseo colectivo de sostener un sistema de jubilaciones que ha sido un pilar para muchos, pero que evidentemente necesita ser revisado y reformado.
Nadie en su sano juicio podría negar que, si no se hubiera aprobado la reingeniería propuesta, las consecuencias habrían sido catastróficas; habríamos asistido a un auténtico harakiri institucional. La eliminación del sistema de jubilación dinámica habría dejado a numerosos trabajadores en una situación insostenible, dependiendo únicamente de las pensiones del IMSS, que en muchas ocasiones son insuficientes para garantizar una calidad de vida digna.
Lo increíble es que algunos jubilados y ex trabajadores continúen oponiéndose a estas reformas, mostrando una resistencia que parece estar más motivada por intereses personales que por una visión colectiva del bienestar. Esta actitud no solo ignora las realidades económicas actuales, sino que también desprecia el arduo trabajo que implica transformar un sistema que, francamente, se encuentra en la cuerda floja.
Para consolidar la sustentabilidad del sistema de pensiones en México, es indispensable aceptar el cambio como una herramienta de progreso. El reto al que se enfrenta la UAS, y más ampliamente el país, es monumental, pero con líderes comprometidos como Jesús Madueña, hay una luz al final del túnel. Reconocer su labor es no solo un acto de justicia, sino también un imperativo para asegurar el futuro de todos los trabajadores y jubilados que merecen vivir con dignidad.
Deberían, en lugar de resistirse a ver la realidad que se dibuja ante nosotros a reflexionar sobre las implicaciones de sus posturas. La transformación es el camino hacia la viabilidad, y es tiempo de reconocer que el futuro de nuestras pensiones depende de decisiones valientes y consensuadas, como las que ha impulsado el rector Madueña. No se trata simplemente de mantener privilegios, sino de garantizar un sistema justo y equitativo para las generaciones venideras.