Es un hecho doloroso, pero innegable: los gobiernos de Morena han demostrado una profunda ignorancia respecto a los fundamentos de la democracia, lo que sus adversarios podrían describir como “no saber ni la O por lo redondo”. Este desprecio por la república, la soberanía y las instituciones democráticas se ha convertido en el eje central de su mandato. Lo que estamos presenciando es un tránsito acelerado hacia una dictadura, donde el presidencialismo degenerado se manifiesta en una obediencia ciega y una genuflexión anticipada ante el poder.
En este escenario, conceptos fundamentales como la legalidad y la transparencia son sacrificados en el altar de una ambición desmedida. La reciente disolución de la Comisión Estatal de Acceso a la Información Pública del Estado (CEAIPES) es un ejemplo paradigmático de esta tendencia. Durante dos décadas, la CEAIPES había sido un bastión en la lucha por la rendición de cuentas y la transparencia gubernamental. Sin embargo, bajo la égida de la Cuarta Transformación, los “trogloditas políticos” del gobierno actual han decidido barrer con esas conquistas democráticas, colocando el control total sobre la información en manos del gobernador, quien actúa como fiscal, juez y verdugo de cualquier irregularidad en el servicio público.
Con la desaparición de la CEAIPES, las obligaciones éticas de los servidores públicos quedan relegadas únicamente al despacho del gobernador. Los supuestos organismos autónomos, lejos de ser entes independientes, son ahora meras extensiones del poder ejecutivo; él los nombra, les asigna presupuesto y establece las pautas para su funcionamiento. Esta dinámica no solo socava la estructura institucional del estado, sino que también desmantela cualquier vestigio de un sistema democrático que exige transparencia y rendición de cuentas.
La presidenta de la República, cumpliendo un mandato que inició Andrés Manuel López Obrador (AMLO), ha cerrado las puertas de la Comisión Nacional de Acceso a la Información, alineándose con los intereses de los gobernadores, quienes están decididos a mantener la opacidad y a rechazar cualquier intento de rendición de cuentas. Este fenómeno revela una hipocresía asombrosa: mientras condenan los excesos del pasado –PRI, PAN, PRD–, ellos mismos están construyendo un régimen que recuerda mucho a aquellos tiempos oscuros, donde la institucionalidad era solo un instrumento al servicio de unos pocos.
El concepto de autocracia se vuelve cada vez más evidente cuando observamos cómo proponen reemplazar la CEAIPES con un órgano cuya única función será servir a los caprichos del gobernador. Es como regresar a una época donde el partido único –el PRI– decidía todo; el gobernador tenía la potestad de confeccionar el traje político a la medida de cada funcionario, premiando o castigando según su grado de sumisión al poder.
Este camino no solo se repite en la esfera del acceso a la información, sino también en la organización de elecciones. Al igual que hicieron con el Instituto Nacional Electoral (INE), pretenden diseñar elecciones a modo, donde la voluntad popular queda subordinada a los designios de quien esté en el poder. Así, como un lobo disfrazado de cordero, cualquier candidato sin legitimidad puede llegar a ocupar un cargo simplemente porque el gobernador y Morena lo decidan.
Casi 25 años de lucha contra el autoritarismo priista dieron vida a la CEAIPES y a la ley de acceso a la información pública, experiencias que forjaron una cultura política más allá de las elecciones. Sin embargo, hoy esos logros históricos se convierten en meros “elefantes blancos”, estatuas que honran a aquellos que buscan el control absoluto. La 4T no está realizando una transformación; está realizando una devastación institucional, un regreso al autoritarismo que tanto costó erradicar.
Nuestra sociedad está en un punto crítico, donde las decisiones que tomemos ahora definirán el futuro de nuestra democracia. Si permitimos que estos abusos continúen, habremos perdido no solo las instituciones, sino también nuestra voz y nuestro derecho a exigir una verdadera rendición de cuentas. No podemos permitir que la historia se repita; es hora de actuar y defender lo que hemos ganado.