* A toda la familia Choza Gaxiola, toda nuestra solidaridad ante el lamentable deceso de Juan de Dios Choza Gaxiola, DEP querido Juande
La actual situación del Partido Revolucionario Institucional (PRI) bajo la dirigencia de Alejandro Moreno es un claro reflejo de la estrategia de asfixia política que ha implementado el gobierno de Morena. Desde las amenazas de desafuero hasta los procesos judiciales, se hace evidente que el régimen morenista no está dispuesto a dejar espacio para la oposición, y el silencio repentino de los líderes priistas parece ser el resultado de un juego político en el que han sido despojados de su voz y su poder.
El ataque frontal contra Moreno no es ninguna sorpresa. Desde que llegó al poder la gobernadora de Campeche, ligada a la vieja guardia priista, las tensiones entre ambos han escalado. La historia reciente del PRI revela una serie de estrategias defensivas que Moreno ha tenido que implementar para evitar caer en las garras de un sistema que busca, abiertamente, su desaparición política. La aprobación de la reforma a las fuerzas armadas, que le permitió a Moreno postergar sus alianzas con la coalición Va por México, es un ejemplo de estas maniobras desesperadas. No obstante, este tipo de pactos sólo han servido para prolongar lo inevitable: el acoso morenista no va a cesar tan fácilmente.
Los recientes comentarios de Moreno sobre el narcopoder en el gobierno de Claudia Sheinbaum y sus enfrentamientos verbales con figuras como el senador Augusto López demuestran que, aunque su discurso se mantenga enérgico, la realidad política es otra. La amenaza de desafuero que recae sobre él y su partido ha generado un clima de miedo y desconfianza entre sus filas, lo que se traduce en un silencio político ensordecedor. ¿Dónde están los demás líderes del PRI en medio de esta tempestad? En Sinaloa, por ejemplo, la falta de pronunciamientos contundentes por parte del priismo mas alla de figuras como Paola Garate o Mario Zamora pone de manifiesto una complicidad tácita que apesta a acuerdo con el morenismo.
El vacío de poder que se siente en los cabildos y en el congreso del estado indica que algo más profundo está ocurriendo. El hecho de que las voces de oposición hayan dejado de resonar plantea serias interrogantes sobre el futuro del PRI y su capacidad para articular una resistencia efectiva frente al avance de Morena. La situación se torna aún más crítica cuando consideramos que, a nivel nacional, el líder priista ha construido una narrativa de fuerte oposición a la administración morenista, pero su silencio actual lo convierte en un paródico defensor en un sistema que avanza sin obstinaciones.
¿Es posible que existan acuerdos implícitos entre el PRI y Morena? La idea resulta inquietante, pero el panorama actual deja poco lugar para las ilusiones. Si la única voz que se alza es la de Noé Heredia, y las demás quedan silenciadas, parece evidente que el partido ha decidido abrazar el pragmatismo antes que el confrontamiento, quizás con la esperanza de sobrevivir en un entorno cada vez más hostil. Sin embargo, esta estrategia de supervivencia podría interpretarse como un suicidio político.
En última instancia, el futuro del PRI depende de su capacidad para recuperar la confianza y el compromiso de sus integrantes en un contexto donde la oposición se ve acorralada. La falta de respuesta ante el embate morenista genera un eco de abandono que resuena en la mente de la ciudadanía. El silencio del PRI no es simplemente una pausa; es una declaración ominosa que podría definir el rumbo político del país en los próximos años. Veremos si la marea cambia, pero por ahora, el silencio es ensordecedor y habla más que mil palabras.