En Sinaloa, la política parece más un espectáculo de circo que una administración gubernamental. Cada semana, las sorpresas se suceden como cascadas de fuegos artificiales, desdibujando la imagen del gobierno y dejando a los diputados actuando como auténticos niños con sus dulces en la boca. Especialmente aquellos que se autodenominan opositores, como Sergio Torres, que tras un discurso grandilocuente terminan mostrando la misma complicidad que sus colegas de la 4T. ¿Acaso el patrimonio público no les importa? Si su lealtad está ahí, oculta detrás de la cortina de humo que ellos mismos ayudan a levantar.
El gobernador Rocha Moya no se ha quedado atrás en esta tragicomedia. En su semanera, dejó caer la bomba: aún quedan en bodega 500,000 toneladas de maíz de la cosecha 23-24. Y aquí viene lo mejor: no solo se compró maíz a los pequeños productores, sino que además hizo un guiño a los grandes de CAADES, como Andrés Bello, su secretario de agricultura, cuyo cultivo de 1,100 hectáreas le reporta 15,000 toneladas. Pero, ¿qué importa? Con un par de palmaditas en la espalda, la transparencia se convierte en un eufemismo.
Pero el espectáculo no termina aquí. El lunes 3 de noviembre, Rocha arremetió contra figuras del pasado como los ex gobernadores Mario López Valdez y Quirino Ordaz Coppel, señalando el desvío de 2600 millones de retenciones de trabajadores del fondo de pensiones del IPES, dinero que, para variar, nadie sabe a dónde fue a parar. ¡Vaya revelación! Desde que asumió el cargo, Rocha ya tenía conocimiento de esa monstruosidad, así como de los 1865 millones desaparecidos del IPES en un lapso de 12 años. Lo curioso es que, tras un año en el poder, detecto este faltante y no se hizo nada ¿Es esta una estrategia de distracción o simplemente un intento de hacer olvidar su propia inacción?
No podemos ignorar la complacencia de la Auditoría Superior del Estado (ASE), que, al igual que los diputados, prefiere mirar hacia otro lado. la entonces diputada Graciela Domínguez Nava ya había denunciado estas irregularidades y logro que no se aprobaran las cuentas públicas , pero eso no impidió que al arribar Feliciano Castro a la junta de coordinación política del Congreso del Estado y ya con su nuevo equipo de diputados se aprestaran a entregar carta blanca a los exgobernadores. Un fenómeno recurrente: la falta de acción ante delitos visibles.
El gobernador promete recuperar esos recursos para que ningún trabajador se quede sin su jubilación, pero nadie se pregunta qué pasará con los culpables de tal desfalco. La cultura del encubrimiento va de la mano con la indiferencia: “no toques a nuestros amigos”. Así, los dineros públicos continúan su danza en un limbo donde ni auditores ni legisladores parecen tener interés en seguir el rastro.
Y aunque Rocha se pavonea de promover la transparencia y la rendición de cuentas en su gobierno, más parece que tiene un equipo de magos que hacen desaparecer el cochinero de las cuentas mochas en un abrir y cerrar de ojos. Sus informes trimestrales revelan deudas que deberían estar bajo el microscopio, pero que, sorprendentemente, no aparecen en la cuenta pública que los diputados discutirán la próxima semana. ¿Qué pasará entonces? ¿Diremos que la magia de la política es más potente que la lógica?
Esta situación plantea una inquietante cuestión: ¿Dónde están los cuestionamientos de los diputados de Morena? ¿No se percatan de las contradicciones y los delitos confesos que se esconden detrás de las sonrisas y la complacencia del gobernador? Si el propio mandatario da la información, ¿Qué ocurre con la responsabilidad de quienes deberían actuar?
En este circo político, entre risas y aplausos, lo único que queda claro es que el patrimonio de la sociedad sigue siendo el juguete predilecto de los que tienen poder. Y mientras los actores principales continúan con su obra, el público observa, incrédulo, una repetición de la misma farsa, día a día.