Según un reciente reporte de Varieties of Democracy (V-Dem), la realidad democrática en América Latina enfrenta un golpe severo, con México y Argentina desplazándose hacia auténticas autocracias electorales desde 2024. Este retroceso no es meramente nominal; se fundamenta en un análisis riguroso que evalúa variables clave del gobierno bajo los principios electorales liberal, participativo, deliberativo e igualitario. La recopilación y examen de estos datos evidencian que ambos países han escalado peligrosamente hacia el penúltimo nivel de autocracia electoral, muy cerca del estado de autocracia cerrada.
Este escalón, casi el umbral del autoritarismo absoluto, representa regímenes dictatoriales donde el poder se concentra sin contrapesos en una persona o grupo, eliminando controles externos, prohibiendo la oposición política, suprimiendo la libertad de prensa y persiguiendo a la disidencia. La preocupación mayor radica en que México, bajo el actual gobierno de la llamada Cuarta Transformación (4T), está pisando ese terreno con paso acelerado. La reforma electoral conocida como Plan B, impulsada por Claudia Sheinbaum, es un claro indicativo de esta tendencia. Así, el disfraz democrático de izquierda se cae para mostrar una relación simbiótica con figuras como Daniel Ortega en Nicaragua y Javier Milei en Argentina, cuyos regímenes son ejemplos claros de esta deriva autoritaria.
Aunque pueda sonar extrema esta conclusión, la trayectoria comenzó hace siete años con la llegada de AMLO a la presidencia. Desde entonces, se observaron signos evidentes de soberbia en el ejercicio del poder, como la consulta ciudadana que suspendió la construcción del aeropuerto de Texcoco. Esa decisión no solo desestimó avances significativos, sino que resultó en un desperdicio de más de 300 mil millones de pesos del erario público, además de obras faraónicas carentes de lógica científica y económica que hoy representan una carga financiera para México. Este derroche, lejos de ser un accidente, parece encubrir un plan perverso que terminó desatando niveles de corrupción pocas veces vistos en la historia reciente del país.
Este escenario marca el inicio de la debacle de nuestra democracia política. El reporte mencionado sitúa a México en la posición 110 a nivel mundial tras la polémica elección del sistema judicial en 2025, bautizada como “la elección del acordeón”. Ahora, con la reforma electoral que promueve Sheinbaum, el país avanza aún más hacia una consolidación autoritaria. Es alarmante pensar que México, con una población que representa el 20% del total latinoamericano, ya forma parte de ese segmento significativo de la región que no vive en una democracia plena.
En conclusión, las reformas electorales, económicas y judiciales promovidas por la 4T no solo amenazan la pluralidad política sino también los cimientos mismos de nuestra democracia. Si no se detienen estas tendencias, el futuro inmediato vislumbra un México cada vez más cercano a una dictadura lisa y llana, poniendo en riesgo las libertades civiles y políticas esenciales para cualquier sociedad libre y justa. Urge una reflexión profunda y un compromiso decidido para rescatar la democracia antes de que sea demasiado tarde.