En el caótico panorama del gobierno rochista, donde la inestabilidad y la locura parecen ser la norma, el secretario de economía se ha ganado la atención (y la indignación) al afirmar que la pérdida de empleos en Sinaloa es simplemente un asunto de subregistro en el IMSS. Esta desatinada conclusión nos lleva a cuestionar no solo su capacidad analítica, sino también su sensibilidad ante una crisis económica que no puede ser ignorada. ¿Cómo puede alguien con tal responsabilidad desestimar la realidad palpable de una crisis agrícola prolongada, una sequía devastadora y una epidemia de inseguridad que ha dejado huella en cada rincón de la sociedad sinaloense?
Los números son escalofriantes: más de 527 días de violencia e inseguridad han cobrado la vida de más de 6000 personas, mientras que las pérdidas económicas ascienden a 70,000 millones de pesos. Más de 15,000 empleos se han desvanecido, arrastrando consigo la esperanza de miles de familias que dependen del trabajo diario para sobrevivir. Este escenario no puede ser minimizado con la excusa de un subregistro en las cifras; es una ofensa a la inteligencia de quienes vivimos esta realidad. Cuando el secretario argumenta que los saldos negativos en el empleo son simplemente el resultado de una mala contabilización, parece ignorar que detrás de cada número hay una historia de lucha y sufrimiento.
Además, la incapacidad del gobierno para gestionar situaciones críticas ha llevado a la ruina sectores enteros. El caso de los agaveros en el sur de Sinaloa es un ejemplo claro. Al perder su disputa por un certificado de origen frente a Oaxaca, los productores locales se ven obligados a regresar a una producción artesanal, privando a la región de lo que podría haber sido una próspera industria de mezcal. ¿Qué dirán estos productores, como Jesús Patrón Montalvo o Alfonso Pelayo, cuando se enfrenten al secretario y le cuenten que su negocio se ha convertido en un espejismo debido a las políticas erráticas de su administración?
La falta de diagnósticos contundentes sobre el impacto real de la violencia y la inseguridad en la economía local es alarmante. No podemos seguir aceptando argumentos vacíos que intentan ocultar la cruda realidad. La gente está sufriendo y merece enfrentar la verdad, no ser engañada con discursos que trivializan su dolor. Es indispensable que el secretario de economía, en lugar de buscar justificaciones absurdas, elabore un diagnóstico honesto y riguroso sobre los efectos devastadores que las condiciones actuales han tenido en la economía de Sinaloa.
Por si fuera poco, el uso de la frase «no hay texto sin contexto» debería resonar profundamente en quienes ocupan posiciones de poder. Si el secretario pretende dar lecciones de economía desde una cúspide de ignorancia y desinterés, está desdibujando no solo su imagen, sino también la confianza de la ciudadanía en sus gobernantes. La solemnidad y la zalamería literaria no llenarán los estómagos vacíos ni devolverán las vidas desgarradas por la violencia.
Al final del día, la realidad es que Sinaloa no necesita más discursos vacíos ni análisis superficiales; necesita acciones concretas, soluciones efectivas y un gobierno que escuche y responda a las necesidades urgentes de su población. Mintiendo a la gente, el secretario no solo está traicionando su cargo, sino que también está contribuyendo a una crisis moral y social que ya ha superado cualquier límite razonable. Las familias están sufriendo, y eso sí es un abuso de poder del que todos debemos tomar nota.