= Frente a la Serie del Caribe Guadalajara-2026.
= Ya de vacaciones la mayoría de los peloteros
= Problema nada menor para dirigentes de LAMP
= Para Charros y Tomateros, lo valioso es el título del circuito
= Y la Serie del Caribe, como agridulce premio de consolación
Habitualmente el campeón de la Liga Mexicana del Pacífico toma la mayoría de sus refuerzos para la Serie del Caribe del equipo subcampeón y los restantes de los teams que se quedan en el camino, con el riesgo de que ya gran parte de esos jugadores estén fuera de forma, toda vez que suelen disfrutar de un merecido descanso, antes de comenzar su preparación para participar en las ligas de verano, ya sea aquí, en los Estados Unidos o en el beisbol del continente asiático.
La serie del Caribe de 2026 se desarrollará en la ciudad de Guadalajara a partir del primero de febrero que ya está encima y como sabemos todos participarán los dos finalistas de la presente campaña: Charros de Jalisco y Tomateros de Culiacán. Aquí no es la primera vez que esto ocurre. Aconteció en el ya lejano año de 1974, en Hermosillo, justo cuando se desarrollaba el primer evento de esta naturaleza en nuestro país.
Aquella vez, Venezuela, de última hora, declinó a participar en el torneo, como consecuencia de una huelga de sus peloteros y entonces, para salvar el acontecimiento -con el cual todos estábamos muy ilusionados – la Confederación de Ligas Profesionales del Caribe avaló la petición de México (el presidente del circuito era ese caballero llamado Horacio López Díaz) en el sentido de que tanto campeón como subcampeón tomaran parte en una competencia, cuya organización registraba ya avances sustanciales.
Venados de Mazatlán fue el ganador del título y Yaquis de Obregón se conformó con el segundo lugar. Los dos equipos se la rifaron y al final del certamen los temores resultaron infundados: un éxito en todos los aspectos. Por cierto, Yaquis quedó mejor ubicado que Venados de Mazatlán.
Ahora para la serie del Caribe 2026, la historia se repite, en su aspecto fundamental.
De entrada, la Confederación de Ligas del Caribe -que preside vitaliciamente el dominicano Francisco Puello Herrera – decide mover la sede de Caracas a Guadalajara y excluir de la competencia a la representación venezolana, por razones de seguridad internacional y acuerda (como en 1974) que los dos equipos finalistas vean acción en el torneo, para ajustar a cinco los participantes: los dos de México, Republica Dominicana, Puerto Rico y Panamá.
Bajo estas circunstancias se garantizan las semifinales entre el primero y el cuarto lugar y entre el segundo y el tercero. Hay un eliminado y los ganadores de las dos llaves disputarán el campeonato. La opción es aceptada de buena gana y hasta se garantiza un mayor atractivo a la competencia.
Y hasta aquí todo bien.
Lo interesante, sin embargo, es lo que viene.
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Y es que, independientemente del resultado de la serie final que se disputa en la actualidad, tanto Charros de Jalisco como Tomateros de Culiacán tienen un lugar asegurado en la competencia; pero, lamentablemente, no ofrecen, por si mismos, garantías de un buen papel, ante la poca disponibilidad de peloteros para reforzar sus respectivos planteles.
Decíamos, al arranque, que el campeón suele fortalecerse con material del subcampeón, cuyos jugadores permanecen activos hasta el último out de la temporada. No así, por desgracia, los de los otros clubes, muchos de los cuales ya están en sus respectivos lugares de origen. En México o en el extranjero.
Sea cual fuere la ubicación de Charros o Tomateros (quienes sabemos de beisbol sabemos que nunca hay nada seguro), requerirán refuerzos, en el intento de enfrentar, de igual a igual, a los campeones de las tres ligas citadas porque ellos, ya de por si altamente competitivos, también se fortalecen con los mejores de sus respectivos circuitos.
Y bueno, no se trata de subestimar a los integrantes de los dos rosters actuales. Por supuesto que pueden realizar un papel más que digno; pero con refuerzos, la expectativa ya es diferente.
Y si en este caso no operará aquello de que el campeón se quede con lo mejor del subcampeón porque los dos van por el mismo camino y hacia el mismo objetivo, surge la pregunta obligada: ¿Dónde están esos elementos que reforzarán tanto a Charros de Jalisco como a Tomateros de Culiacán?
Suponemos que la directiva de la Liga Arco Mexicana del Pacífico tomó cartas en el asunto desde el primer momento y que se trata de una situación prevista y anticipada; pero, con todo y eso, no se requiere ser un especialista en la materia para visualizar que estará frente a un contratiempo para nada menor.
Deduzcamos, por ejemplo, que ya tiene ubicados y apalabrados a los prospectos; pero, dos semanas después de haber finalizado el compromiso con sus respectivos equipos de origen ¿llegarán en su mejor forma a la Serie del Caribe Guadalajara-2026?
Difícil el caso; pero en fin. Pensemos positivamente y auguremos éxito tanto para Charros como para Tomateros en la competición que se avecina.
Ya veremos.
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Otro detalle.
Tanto para Charros de Jalisco como para Tomateros de Culiacán, el trofeo más importante es el de la temporada 2025-2026 de la Liga Arco Mexicano del Pacífico. No me queda duda.
¿Y la Serie del Caribe? Pues, digamos que también; pero, para quien resulte subcampeón será solo un agridulce premio de consolación.
Y es que, convertidos ya en las franquicias más exitosas de las últimas doce temporadas, para Charros y para Tomateros no es cosa menor llegar a una nueva Serie del Caribe; pero muy diferente es arribar como monarca, a hacerlo como resultado de una circunstancia fortuita en el camino.
Incluso, me atrevería a apostar que la motivación será sumamente diferente y que no pocos elementos del equipo que resulte subcampeón declinarán a participar en el torneo. Cuestiones anímicas, si usted quiere; pero se entienden.
El México “B” siempre llevará el consabido asterisco. Y si llegase a ganar la Serie del Caribe, también, por desgracia.
Y perdone la sinceridad, amigo lector.
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