Con profundo respeto expresamos nuestras condolencias por el fallecimiento del Sr. Antonio Rocha Moya, hermano del Gobernador Rubén Rocha Moya. Nuestra solidaridad con su familia. descanse en paz.
La situación en Venezuela ha desencadenado un pánico irracional entre varios sectores del gobierno mexicano, especialmente en los círculos de Morena. Esta reacción febril parece derivar de una lectura mecánica y superficial de la política internacional, donde se teme sin fundamentación alguna que los Estados Unidos apliquen en México una lógica similar a la que han empleado en el país sudamericano. Se olvidan, sin embargo, de que las realidades políticas y económicas de ambos países son radicalmente diferentes. México no es Venezuela, y el contexto que comparten con los Estados Unidos está lejos de ser equiparable.
Es indignante observar cómo los voceros de la Cuarta Transformación (4T) han tratado de capitalizar la narrativa de una posible invasión estadounidense, mientras ignoran por completo las sutilezas de la relación bilateral. No hay que ser un experto en relaciones internacionales para entender que México es un socio crucial para los Estados Unidos, representando una parte significativa de su comercio, en donde ambos países dependen mutuamente. Ignorar esta realidad solo demuestra la falta de entendimiento de los actores políticos sobre el verdadero escenario geopolítico.
La intervención de la presidenta Claudia Sheinbaum, al instruir a sus secretarios de Relaciones Exteriores y Economía a establecer comunicación con Marco Rubio, es un acto de sensatez en medio de la tempestad. Al contrario de lo que ocurrió en Venezuela, donde la diplomacia se volvió ineficaz y la confrontación marcó el rumbo, Sheinbaum busca abrir canales de diálogo. Esto es esencial no solo para mitigar tensiones, sino también para avanzar en acuerdos que beneficien a ambos países. Un enfoque que contrasta notablemente con la retórica belicista de algunos miembros de Morena, quienes, en lugar de aprovechar la oportunidad para dialogar, parecen abogar por una defensa a ultranza hacia una supuesta invasión que jamás se ha concretado.
Afrontar los problemas de forma abierta y directa es el camino más saludable, y romper la comunicación solo sirve para agudizar conflictos. La historia nos ha demostrado que la guerra no es el camino a seguir; más bien, los acuerdos y el entendimiento mutuo son los que permiten superar las diferencias. En este contexto, resulta absurdamente alarmista que algunos morenistas hablen de una «defensa de México», como si estuviéramos ante el umbral de una invasión militar real. Podría parecer que, con tales afirmaciones, se busca desviar la atención de los verdaderos problemas internos que enfrenta el gobierno, que ya están suficientemente documentados.
El desafío real para el gobierno de la 4T no es tanto cómo enfrentar a un enemigo externo, sino cómo resolver los problemas intrínsecos que afectan el desarrollo del país y las relaciones con su vecino del norte. Ha habido fallas, incumplimientos y, quizás, una falta de proactividad en la búsqueda de soluciones adecuadas. Sin embargo, el hecho de que la presidenta Sheinbaum busque dialogar con un representante estadounidense como Rubio es un paso positivo, un indicativo de que, aunque las diferencias existan, siempre hay espacio para buscar consenso.
Como ciudadanos, debemos exigir a nuestro gobierno que no solo actúe por instinto, sino que también se base en un entendimiento profundo de las dinámicas internacionales. No se trata de inmolarse ante fantasmas, sino de asumir una postura reflexiva y constructiva frente a la adversidad. El futuro de México no está determinado por miedo o por la demonización del otro, sino por la capacidad de nuestras instituciones de construir puentes en lugar de muros.
La política exterior no debe ser una herramienta de retórica, sino una plataforma para resolver problemas. Tanto el gobierno de México como el de Estados Unidos tienen la responsabilidad y la oportunidad de trabajar juntos para encontrar soluciones prácticas. A fin de cuentas, nadie está libre de problemas; la clave radica en cómo decidimos enfrentarlos.