El día de hoy a las 11 horas, el gobernador Rubén Rocha comparecerá ante el Congreso de Sinaloa en sesión plenaria. Este acto no es solo un ritual protocolario; es la oportunidad para desglosar el informe de gobierno presentado el 15 de noviembre pasado, cumpliendo así con lo estipulado en el artículo 40 de la Constitución. En un contexto donde la rendición de cuentas se ha vuelto no solo una obligación, sino también una necesidad ineludible, esta comparecencia es un momento vital que debe ser abordado con rigor y profundidad.
El formato actual de rendición de cuentas tiene su origen en las reformas propuestas durante el gobierno de Juan Millán en 2002. En ese entonces, se buscó romper con los arcaicos procedimientos de «besamanos» que caracterizaban las entregas de informes anuales. Bajo este formato, el gobernador ya no era el inalcanzable líder rodeado de un ceremonial casi religioso, sino que se convertía en un funcionario público sujeto a cuestionamientos por parte de los diputados. Este cambio, aunque inicialmente prometedor, ha sufrido transformaciones que han mermado el interés y la efectividad del proceso. A partir de 2007, con la administración de Jesús Aguilar, se comenzó a erosionar ese enfoque participativo, borrando de facto el formato instaurado por su antecesor.
La llegada al poder de Quirino Ordaz Coppel marcó un nuevo punto de inflexión, especialmente cuando la mayoría del Congreso pasó a estar en manos de Morena tras las elecciones de 2018. Con Graciela Domínguez Nava al mando, se restableció un modelo que había sido más que necesario para revitalizar la interacción entre el Ejecutivo y el Legislativo. Sin embargo, la pregunta que flota en el aire es si, en esta ocasión, los diputados estarán a la altura del desafío que representa la comparecencia del Gobernador Rocha.
Los temas que emergen como fundamentales son múltiples y abordan problemáticas que han perseguido a Sinaloa en el último tiempo: la violencia e inseguridad que asolan a la entidad, el conflicto con la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) que ha tensado las relaciones académicas, la crisis agrícola que afecta la producción de maíz y tomate, y la salud pública. Estos elementos no son meros puntos de agenda, son cuestiones que definen la calidad de vida de los sinaloenses.
La capacidad de los diputados para abordar estos temas con la profundidad y contundencia que merecen es crucial. Si se convierten en meras figuras decorativas durante la comparecencia, el primer año de esta 66 legislatura se encapsulará en una palabra: fracaso. No se trata de una confrontación por el mero deleite del debate político; es un imperativo moral y social. La ciudadanía exige respuestas claras y acciones efectivas, no retórica vacía o evasivas diplomáticas.
Es igualmente importante señalar que la comparecencia del gobernador no debería caer en la trampa del espectáculo mediático. Los diputados deben evitar convertirse en meros «zalameros» que buscan agradar al ejecutivo en lugar de cumplir con su deber constitucional. El papel de un legislador es el de ser un fiscalizador del ejercicio del gobierno, y eso implica cuestionar, indagar y, si es necesario, desafiar al gobernador.
A través de su respuesta a estas inquietudes, el Gobernador Rocha tiene la oportunidad de demostrar su compromiso con la transparencia y la rendición de cuentas. Sin embargo, esta voluntad no puede ser unipersonal. Dependerá del coraje y la determinación de los diputados para exponer verdades incómodas y proponer soluciones viables a los problemas que aquejan a la sociedad sinaloense.
Así, mientras las manecillas del reloj marcan las 11 horas, los ojos de Sinaloa estarán puestos en el Congreso. ¿Serán capaces los legisladores de tomar la tribuna y plantear las preguntas que deben hacerse? ¿Permitirá el gobernador que su gobierno sea sometido a un escrutinio real y sustantivo? Las respuestas a estas preguntas determinarán no solo el éxito de la comparecencia de hoy, sino también la dirección que tomará la gobernabilidad en Sinaloa en los años venideros. La rendición de cuentas no es solo un ejercicio formal; es la piedra angular de una democracia saludable. Ojalá y los actores involucrados estén a la altura de esta responsabilidad.