Este lunes primero de septiembre, más de 600,000 niños en Sinaloa regresarán a clases, sumándose a los más de 300,000 que han estado en las aulas desde el pasado 18 de agosto. Las universidades, como la UAS, también se integraron al inicio de ciclo escolar desde el pasado 25 de agosto, lo que convertirá a nuestras ciudades y rancherías en un frenesí de preparativos, compras y desplazamientos. Esta situación, sin duda, trastocará los flujos de personas y vehículos, haciendo que la seguridad pública se convierta en una urgencia real, tanto para el tránsito como para los centros escolares.
Es bien conocido que, ante la crisis de inseguridad y violencia que golpea a Sinaloa, especialmente a Culiacán, los cuerpos de tránsito, policía preventiva y policía estatal han sido severamente diezmados y desarticulados. Históricamente han sido insuficientes e incompetentes en sus labores de vigilancia y auxilio en las escuelas, y hoy, con el regreso a clases, es más urgente que nunca que cumplan con estas responsabilidades.
La protección de nuestros niños en las escuelas y la regulación del tránsito en las cercanías son fundamentales, y no se puede simular más. Ya hemos escuchado promesas de asignar un guardia nacional por cada escuela, compromiso que solo se ha cumplido en algunas instituciones y por escaso tiempo.
Es imperativo que los agentes de tránsito se enfoquen en garantizar la seguridad vehicular y peatonal de los estudiantes en las periferias de las escuelas, dejando de lado operativos que parecen más un “chalineo” que una verdadera labor de prevención. De hecho, es en las escuelas donde la presencia de mujeres policías, reconocidas por su empatía con los niños, debe ser prioritaria.
Adicionalmente, se debe recurrir a la Guardia Nacional para coadyuvar en la vigilancia durante la entrada y salida de los estudiantes, haciendo realidad esa vieja promesa de tener un elemento de seguridad en cada escuela. El ejército, por su parte, debe dedicarse a la contención y vigilancia de las zonas de mayor incidencia delictiva, evitando que se entrometan en labores que no les corresponden, como patrullar áreas donde la efectividad es cuestionable.
Los presidentes municipales de Culiacán, Mazatlán, Guamúchil, Guasave y Los Mochis, donde se concentra el 80% de las escuelas y el tráfico, deben poner especial atención en este asunto y adoptar medidas más eficaces. Sin embargo, no podemos ignorar que la crisis de inseguridad es el foco rojo y esencial de nuestras alertas. Es vital reconocer que los gobiernos municipales han fallado en proporcionar el servicio necesario para salvaguardar a la ciudadanía. Aun en medio de la crisis que viven los cuerpos de seguridad de Sinaloa, sería inaceptable que no tomaran medidas apropiadas respecto a esta problemática.
La sociedad está profundamente herida por las consecuencias de la violencia y la inseguridad. Es momento de que tanto la ciudadanía como sus gobiernos se levanten y recuperen el rumbo. Prestar atención a los niños y jóvenes en las escuelas es un paso crucial en la dirección correcta. Será interesante observar si este llamado a la acción se traduce en resultados concretos. Vamos a ver.