La historia reciente de México está marcada por una paradoja política notable: una cosa es desear cambiar la historia y otra, mucho más grave, es querer borrarla. Este es el fenómeno que vivimos hoy bajo la administración de la Cuarta Transformación (4T), donde los actores políticos se mueven como si su única ambición fuera destruir los pilares de la democracia, en lugar de fortalecerlos. La conversión del Instituto Nacional de Acceso a la Información (INAI) en un apéndice del gobierno es solo un ejemplo de esta tendencia preocupante.
El INAI fue creado con el fin de transparentar el ejercicio del poder y permitir el acceso a la información pública; sin embargo, se ha visto sometido a la voluntad del gobierno actual, lo que refleja un desprecio por los principios democráticos que tanto esfuerzo costaron establecer en el país. La misma suerte puede correr la Comisión Estatal de Acceso a la Información Pública del Estado de Sinaloa (CEAIPES), una institución pionera que, bajo el liderazgo del gobernador Juan S. Millán Lizárraga, sentó las bases para la transparencia en la gestión pública. Hoy, aquellos que se autodenominan representantes de la clase trabajadora pretenden convertirla en una mera extensión del poder ejecutivo estatal, manipulándola a su antojo.
Resulta irónico que los mismos sectores de izquierda que históricamente han luchado por la democracia sean ahora los responsables de su erosión. En 1997, cuando el PRI perdió su hegemonía en el Congreso, se vislumbró un cambio político en el país. Vicente Fox y el PAN lograron desplazar al PRI de la presidencia en 2000, y a partir de ahí, la apertura democrática comenzó a expandirse por todos los niveles de gobierno. Sin embargo, este progreso se ve amenazado por el regreso a viejas prácticas autoritarias.
Un amigo solía decirme en tono de broma que «la vida está llena de paradojas», pero también advirtió sobre la existencia de “parajodas”: situaciones que, lejos de ser simplemente sorprendentes, están cargadas de perversidad. Este término describe perfectamente el fenómeno que observamos en la 4T, donde la creencia de que el hábito hace al monje se traduce en un autoritarismo disfrazado de idealismo.
No sorprende que aquí en Sinaloa ya estén gestando planes para desmantelar la CEAIPES, un legado de Juan S. Millán que fue fundamental para la instauración de un sistema de acceso a la información. Este proceso comenzó en 1977, cuando ciudadanos exigieron un gobierno abierto y responsable. La lucha culminó en 2002 con la creación de esta comisión en Sinaloa y la promulgación de la Ley Nacional de Acceso a la Información Pública por parte de Vicente Fox. Es un camino largo que merece ser respetado y preservado, no desmantelado.
La frustración aumenta al contemplar cómo los líderes de la 4T, emulando el priismo más arcaico, obstaculizan el avance democrático. La falta de respeto por las instituciones es un retroceso histórico que perjudica a todos. ¡Qué ironía! Aquellos que querían que las quimeras se convirtieran en realidades en 1977 son ahora los que parecen empeñados en regresar a la oscuridad.
Así que, 23 años después de aquel momento crucial en la historia de nuestro país, me pregunto qué pensara Juan S. Millán al observar la actual situación de la CEAIPES. ¿Qué pensara de quienes buscan destruir las instituciones que tanto esfuerzo le costó establecer? ¿Tendrán memoria los integrantes de la 4T? La respuesta parece clara: sus intereses personales, inconfesables y voraces, parecen pesar más que la defensa de la democracia y la transparencia.
Es momento de alzar la voz y recordar que la construcción de un México más democrático no debe ser una tarea constante de borrado, sino de edificación sobre los cimientos que otros han sembrado con sacrificio. La historia no se debe olvidar, sino aprender de ella, para no repetir los errores del pasado. La democracia es un bien invaluable que debe ser defendido ante cualquier amenaza.