* Boletos de primera fila
Morena acaba de demostrar que su modelo democrático se parece menos a una elección ciudadana y más a una función de teatro guiñol: los muñecos se mueven, el público aplaude y, detrás del telón, la cúpula decide quién habla, quién gana y quién termina de adorno en una candidatura de consolación.
El proceso para nominar candidatos quedó desnudo. Ni siquiera tuvieron la cortesía de ponerle una hoja de parra. La dirigencia midió fuerzas, repartió cuotas y confirmó que la democracia interna del partido consiste en convocar a la gente para que atestigüe cómo otros ya decidieron por ella.
El problema no es únicamente la falta de transparencia. Es la torpeza política. Morena ni supo ni pudo barnizar el proceso con un mínimo de legitimidad ciudadana. En plena crisis nacional e internacional, el partido decidió comportarse como si gobernara un país aislado, sin frontera, sin economía dependiente y sin vecinos capaces de presionar con algo más contundente que un tuit.
Ahí están los casos estatales. En Quintana Roo, Mara Lessama, según el entusiasmo propagandístico— ha convertido los viajes interminables en una especie de diplomacia turística, mientras se le permite imponer candidata y controlar la estructura morenista local. En Baja California, Marina del Pilar aparece políticamente atrapada entre señalamientos y sospechas de vínculos con el crimen organizado, pero eso no impide que también tenga la facultad de designar sucesora. En San Luis Potosí, Ricardo Gallardo colocó a su esposa, Ruth González, como aspirante del Partido Verde. El mensaje fue sencillo: el nepotismo está prohibido, salvo cuando la familia tiene suficiente poder para ignorar la prohibición.
Y luego está Nuevo León, donde Clara Luz Flores carga con el antecedente de su cercanía con NXIVM, la secta de Keith Raniere, condenada en Estados Unidos. En Chihuahua, Andrea Chávez fue desplazada y enviada a Ciudad Juárez como quien recibe un premio de consolación después de perder una partida que nunca estuvo en sus manos. En Nayarit, Jazmín Bugarín fue electa con todo y su doble nacionalidad. La política morenista parece una tómbola, pero una tómbola donde las bolitas tienen nombre, apellido y padrino.
Mientras tanto, la relación con Estados Unidos se deteriora. Donald Trump presiona, amenaza y negocia desde una posición de fuerza, mientras el gobierno mexicano responde con discursos sobre soberanía, como si la soberanía pudiera sustituir el gas, la electricidad, la inversión y el comercio. Se habla de acuerdos con la Unión Europea como si Bruselas pudiera reemplazar de un día para otro a Washington. Es una fantasía geopolítica digna de quien cree que el mapa mundial funciona con voluntad presidencial.
La llamada izquierda latinoamericana tampoco es el bloque sólido que Morena imagina. Cuba y Nicaragua sobreviven como aliados políticos, pero difícilmente pueden convertirse en motores económicos o estratégicos. Brasil enfrenta sus propias turbulencias, y el supuesto frente continental de izquierda ya no existe mientras la 4T continúa pronunciando discursos para una fotografía que ya nadie quiere tomarse.
El informe de la dirigencia morenista probablemente será leído, discutido y aprobado sin modificar una coma. La autocrítica quedará archivada junto con la democracia interna. Y si también persisten en su lectura equivocada de Estados Unidos y América Latina, el deterioro continuará.
Morena y el gobierno podrían corregir el rumbo. Pero para eso tendrían que admitir que no son infalibles. Y esa, en la política mexicana, suele ser la primera verdad que nadie se atreve a decir.