En Sinaloa, la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) ha transitado un camino arduo y prolongado para conquistar los umbrales que hoy presume con legítimo orgullo. Durante décadas, esta casa de estudios enfrentó desafíos e incertidumbres que bien podrían describirse como pruebas de resistencia, pero también como lecciones de perseverancia y compromiso con el bienestar social. En este último año, sin embargo, hemos sido testigos de una transformación que trasciende lo académico: la unidad política interna y la definición de una reingeniería integral han otorgado a la UAS una fortaleza inédita, capaz de proyectar un horizonte promisorio para Sinaloa, un horizonte donde la paz urgente se entrelaza con la esperanza de futuro.
no es casualidad que la UAS no solo alcance metas ejemplares, sino que se erija como un estandarte en la búsqueda de soluciones ante la crisis múltiple que aqueja a nuestro pueblo. Hoy, más que nunca, su tarea es vital: construir puentes y acuerdos que, a pesar de los obstáculos persisten, tienen la fuerza suficiente para superarlos. Este desafío es, en sí mismo, un acto de valentía y sabiduría política, pues conduce al entendimiento frente a la fragmentación social que vivimos.
La evidencia de estos avances palpita en cifras que estremecen: el bachillerato de la UAS alcanzando un liderazgo nacional sólido y contundente. Para el ciclo escolar 2026-2027, la universidad incorporará 23,000 nuevos estudiantes, cifra que representa más del 10% de la meta nacional propuesta por la presidenta del país, cifra que llega a 200,000 a nivel nacional. Cuando comparamos este logro con el de la UNAM, que sumará 32,000 alumnos nuevos en su bachillerato, y que ostenta un presupuesto anual ocho veces mayor al de la UAS, la magnitud de este esfuerzo se vuelve aún más impresionante. Es un triunfo de inteligencia estratégica y voluntad colectiva que valida la potencialidad de la educación pública en Sinaloa.
No menos relevante es el desempeño atlético de la UAS en la competencia nacional organizada por ANUIES en 2026. Participando en 26 de las 28 disciplinas deportivas, la universidad logró obtener 115 medallas, colocándose en el segundo lugar nacional, solo detrás de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Este resultado no es fruto de la casualidad, sino de la dedicación, la disciplina y el compromiso institucional que imprime su sello en todos los ámbitos. El eco de estas victorias supera no solo a universidades con mayores recursos y tradición, sino que posiciona a la UAS como un referente nacional que desafía paradigmas y demuestra que el tamaño del presupuesto no define la calidad ni el alcance del esfuerzo humano.
Esta transformación integral va acompañada, además, de una modernización tecnológica que impulsa un innovador sistema bimodal para el próximo ciclo escolar, combinando eficientemente la enseñanza presencial y a distancia. La informática y los avances en tecnología científica se convierten así en herramientas esenciales para formar a ciudadanos preparados para enfrentar los retos del siglo XXI, diferentes pero igualmente complejos respecto a los que antaño desafiaron a la universidad.
Quizás uno de los episodios más significativos de esta etapa sea el acto de solidaridad y conciencia mostrado por la comunidad universitaria al decidir sacrificar conquistas laborales en el contrato colectivo, incluso establecer un fideicomiso que ascienden a aproximadamente 500 millones de pesos, desde enero hasta mayo. Esta estrategia no solo garantiza la estabilidad financiera y la permanencia de la jubilación dinámica ante reformas constitucionales adversas, sino que refleja un espíritu comunitario y una visión de largo plazo digna de reconocimiento.
Estos logros no son sólo hitos administrativos o deportivos: son aportes esenciales que fortalecen la paz y la armonía que tanto necesita Sinaloa. La UAS se convierte así en un actor decisivo para ese futuro mejor que anhelamos. Ojalá, y aquí reside una invitación abierta, que esta institución emblemática no permanezca aislada, que encontremos en ella un faro colectivo desde el cual construir la cohesión necesaria para enfrentar los desafíos que aún persisten en nuestro estado.
La política y la educación deben orientarse siempre hacia la construcción del bien común, esa aspiración que rebasa intereses particulares y mira a la sociedad con generosidad y altura ética. En la UAS, ese norte está claro y firme: servir al pueblo de Sinaloa con esperanza, valentía y convicción.