No olvidemos que el libro ha sido nuestro aliado,
desde hace muchos siglos, en una guerra
que no registran los manuales de historia.
Irene Vallejo
La dolorosa noticia golpea a dos generaciones de lectores: Librerías México está en agonía. A casi 57 años después de abrir sus puertas a la promoción de la cultura y el saber, su directora Daniela Reyes, nos anuncia que esa noble empresa no puede más. Con la pasión que implica haber crecido en el mágico mundo de los libros, haber toreado la crisis de la pandemia y sobrevivido 22 meses de la actual coyuntura de violencia, que también toca mil aristas de la economía y obliga a muchos lectores a priorizar gastos cuando sus ingresos se tropiezan con los problemas actuales. ¿Quién puede permanecer ajeno a la situación que hoy padece este santuario del saber escrito llamado Librerías México?
¿Qué representa este espacio donde caben textos, sueños académicos y tantas locuras como ideas para hacer un poco más humano el mundo que vivimos? Mi generación recuerda que no se apagaban los gritos de protesta de 1968 ni el eco de los pasos de sus multitudes demandando diálogo y democracia, cuando surgió Librerías México muy cerca del Edificio Central de la UAS: en la esquina de Vicente Riva Palacio y Miguel Hidalgo. Cierto, las dimensiones de aquel local eran pequeñas, pero las metas y posibilidades eran tan grandes como los sueños de la época. La literatura disponible en ese punto geográfico era la que demandaba el movimiento estudiantil y los maestros de vanguardia: allí estaban autores como Paul A. Baran, Paul M. Sweezy, Harry Magdoff, Eldrich Cliver, Antonio Machado, Federico García Lorca, Elena Poniatovska, Carlos Fuentes, Rosario Castellanos, Gabriel García Márquez, entre muchos otros.
No abundaban las librerías en Culiacán, apenas disponíamos de la Librería Universitaria, que sólo contaba con el espacio de la planta baja del kiosko de la Plazuela Rosales, pues el segundo piso eran las oficinas de la Sociedad de Profesores y, desde luego, muy cercas de allí la Librería Coronel. Y párale de contar. Estas casas del libro ofertaban textos, principalmente, por lo que Librerías México se convirtió en el vértice de las inquietudes académicas y sociales desde que abrió las puertas. Aún guardo libros adquiridos en los años setenta y ochenta del siglo pasado en Librerías México. Y los rostros de sus primeros administradores siguen presentes en la memoria de la generación que parió el 68 mexicano.
¿Cuántas crisis ha sobrevivido Librerías México? Al menos la que generó en 1973 el petróleo, la devaluación del peso mexicano de 1976 y las que le sucedieron cada sexenio, el llamado error de diciembre de 1994 que aún seguimos pagando las consecuencias con su méndigo Fobaproa, la crisis de 2008-09, los apuros que trajo la pandemia del Covid-19 y lo que va de la presente coyuntura que inició el 9 de septiembre de 2024. La voluntad de permanecer en el corazón de los amantes de la lectura, más que en el mercado, merece respeto.
¿Cuántas instituciones de nivel superior tienen su asiento en la ciudad de Culiacán? No son pocas: la Universidad Autónoma de Sinaloa, la Universidad Autónome de Occidente, el Tecnológico de Monterrey, el Tecnológico de Culiacán, la Escuela Normal, la Universidad Pedagógica del Estado, la Universidad Autónoma de Durango, entre otras, con pocos lectores.
Una de las respuestas que la autoridad ha dado a las tribulaciones que la crisis nos ha impuesto, es apoyar económicamente a sectores vulnerables de la micro, pequeña y mediana empresa. Es correcto que lo haya hecho. Pero ahora surge la pregunta, ¿qué hacer ante el riesgo inminente de que las puertas de este esfuerzo de casi 60 año de poner saber científico, cultura y arte al servicio de una sociedad, se cierren definitivamente? Son importantes las medidas de apoyar a sectores económicos, como también los esfuerzos que desde las corporaciones policiales y fuerzas armadas se llevan a cabo, pero la solución definitiva de la crisis no llegará si la alternativa cultural no cobra la fuerza que demanda la situación que padecemos. ¡La autoridad no puede dejar morir Librerías México!
Los convocados a participar en la salvación de Librerías México somos todos, pero enlistemos por delante las instituciones que deben pasar lista de presentes ante el inminente cierre de una casa expendedora de libros que también es toda una institución de casi seis décadas: que el ISIC, la Dirección de Cultura Municipal de Culiacán, la SEPyC, las áreas de cultura de las instituciones de educación públicas y privadas, de nivel medio superior y superior, hagan un esfuerzo para salvar Librerías México. Permitir hoy, en las circunstancias vividas, el cierre de Librerías México es aceptar una lamentable derrota cultural ante la crisis de seguridad y sus beneficiarios.
Somos una de las capitales de estado más dinámicas en el terreno educativo y contamos con un millón de habitantes, pero no podemos presumir del nivel per cápita en lectores. No faltará quien coincida con la autora de El infinito en un junco y nos diga que: La invención de los libros ha sido tal vez el mayor triunfo en nuestra tenaz lucha contra la destrucción. No podremos decir que no, pero no basta estar de acuerdo. Ahora no sumamos más de una docena de librerías en la ciudad, contando los puestos de libros de viejo del Archi y sus valientes compañeros que sobreviven a pesar de las medidas poco amables del Ayuntamiento. Por todo ello, que lamentable será llegar a la próxima Feria Internacional del Libro del mes de noviembre con una librería menos en Culiacán. En un ambiente donde las cantinas y los expendios de cerveza sobreviven con éxito, las librerías no pueden morir. ¡Salvemos Librerías México! Vale.
X @Oscar_Loza