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Visión Ciudadana

CON PALITOS Y BOLITAS

 “Escribe una historia corta cada semana. Es totalmente imposible escribir 52 malas historias seguidas”, Ray Bradbury (1920-2012) Escritor estadounidense.

 

PROCESO DE MORENA

Hay procesos políticos que, por su complejidad, terminan siendo víctimas de la percepción. Eso es exactamente lo que hoy ocurre en Morena, donde miles de sinaloenses observan una intensa actividad de quienes aspiran a convertirse en coordinador estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, pero al mismo tiempo existe una enorme confusión sobre lo que realmente está pasando.

Para muchos ciudadanos, la carrera ya comenzó y los aspirantes están disputando la candidatura al Gobierno de Sinaloa. La realidad es muy distinta.

Basta abrir las redes sociales o recorrer cualquier municipio del estado para encontrar a uno o varios de los trece aspirantes realizando reuniones, encabezando asambleas, visitando colonias, dialogando con sectores productivos o concediendo entrevistas.

Todos hablan del movimiento, todos llaman a la unidad, todos difunden sus actividades y todos buscan mantener presencia en la conversación pública. Naturalmente, la pregunta surge por sí sola: ¿ya comenzó la competencia?

La respuesta es sí, pero no como muchos creen.

Sí existe una competencia política. Lo que todavía no existe es la competencia que definirá al coordinador estatal.

Esa diferencia, aunque parezca un simple juego de palabras, explica prácticamente todo lo que hoy sucede dentro de Morena y ayuda a entender por qué los recorridos, las encuestas y el posicionamiento mediático tienen un significado muy distinto al que la mayoría imagina.

Durante décadas los partidos políticos acostumbraron a los ciudadanos a procesos relativamente sencillos. Había una convocatoria, surgían los aspirantes, se realizaba una elección interna o una negociación política y de ahí salía el candidato.

Morena decidió construir un modelo diferente.

Un modelo que, en teoría, privilegia las encuestas como mecanismo para elegir a sus representantes, pero que en la práctica incorpora una etapa previa que termina siendo igual o más importante que la propia medición demoscópica.

Ahí comienza la confusión.

Cuando Morena anuncia que elegirá a su coordinador mediante encuesta, muchas personas interpretan que todos los registrados aparecerán en una boleta o serán medidos por una empresa demoscópica.

Es una conclusión lógica, pero incorrecta. Antes de que exista una sola pregunta dirigida a la ciudadanía ocurre un proceso interno que prácticamente define quién tendrá posibilidades reales de convertirse en el próximo coordinador estatal.

Para explicarlo de la manera más sencilla posible imaginemos una carrera de atletismo. Trece corredores llegan al estadio convencidos de que competirán por la medalla de oro.

Sin embargo, antes de que inicie la carrera, los jueces anuncian que solamente seis podrán colocarse en la línea de salida. Los demás quedarán eliminados antes incluso de escuchar el disparo inicial.

Eso mismo ocurre en Morena.

Los trece aspirantes que hoy recorren Sinaloa no tienen asegurado llegar a la encuesta. Primero deberán superar el filtro que realizará la Comisión Nacional de Elecciones, el órgano partidista encargado de revisar los expedientes, valorar los perfiles y decidir quiénes continúan en el procedimiento y quiénes quedan fuera.

Dicho de otra manera, la encuesta no es la primera etapa del proceso; es prácticamente la última.

Ese detalle cambia por completo la lectura política de lo que hoy observamos.

Si los aspirantes todavía no saben si llegarán a la encuesta, entonces resulta evidente que sus recorridos tienen un objetivo distinto.

No buscan únicamente incrementar su nivel de conocimiento entre la ciudadanía. También pretenden enviar un mensaje muy claro hacia la dirigencia nacional del partido: demostrar que cuentan con estructura, que poseen capacidad de convocatoria, que generan simpatía, que mantienen disciplina y que representan una opción competitiva para enfrentar la elección constitucional de 2027.

Por eso resulta equivocado analizar los recorridos únicamente como actos de campaña. En realidad son cartas de presentación.

Cada reunión sostenida, cada municipio visitado, cada fotografía publicada y cada entrevista concedida forman parte de un expediente político que la Comisión Nacional de Elecciones inevitablemente observa.

No basta con levantar la mano y decir «quiero participar»; también hay que demostrar que existen condiciones para representar al movimiento.

En este contexto también deben entenderse las encuestas que durante las últimas semanas comenzaron a circular en Sinaloa.

Algunas colocan a determinados aspirantes en los primeros lugares; otras presentan escenarios completamente diferentes.

En redes sociales cada equipo presume el estudio que le favorece y cuestiona la metodología de aquel que beneficia a un adversario.

Es una práctica común en cualquier proceso político, pero también una fuente permanente de confusión para los ciudadanos.

Vale la pena decirlo con toda claridad: ninguna de esas encuestas definirá quién será el coordinador estatal.

No porque carezcan de seriedad o porque necesariamente estén equivocadas, sino porque simplemente no forman parte del procedimiento oficial de Morena.

Son ejercicios realizados por empresas privadas que miden un momento específico de la opinión pública.

Reflejan tendencias, niveles de conocimiento o preferencias circunstanciales, pero no sustituyen la encuesta interna que levantará el partido cuando llegue el momento procesal correspondiente.

Eso no significa que sean inútiles. Todo lo contrario.

Las encuestas públicas cumplen una función política muy importante. Ayudan a construir narrativas, fortalecen el ánimo de los equipos, generan cobertura mediática y pueden influir en la percepción de competitividad de un aspirante.

En política, la percepción muchas veces abre puertas.

Un perfil que aparece reiteradamente bien posicionado suele atraer simpatizantes, sumar liderazgos y proyectar una imagen de fortaleza. Pero de ahí a afirmar que ya ganó el proceso interno existe una distancia enorme.

Incluso esas encuestas cumplen otro papel que pocas veces se menciona. También envían mensajes hacia la dirigencia nacional. Aunque oficialmente no sean tomadas como criterio para decidir, difícilmente pasan inadvertidas para quienes conducen el proceso.

Morena observa el comportamiento de sus aspirantes en muchos frentes y las mediciones públicas forman parte del ambiente político que rodea la definición de candidaturas.

Sin embargo, reducir el proceso únicamente a las encuestas sería un error.

La Comisión Nacional de Elecciones no solamente observa quién aparece primero en un estudio demoscópico. También analiza otros factores que rara vez son visibles para el ciudadano común.

La capacidad de organización territorial, la disciplina partidista, la relación con la militancia, la ausencia de conflictos internos, la posibilidad de construir acuerdos, la aceptación entre distintos grupos políticos y la rentabilidad electoral son variables que pesan al momento de construir una candidatura.

Porque Morena no está buscando simplemente al aspirante más conocido. Está buscando al perfil que considere más competitivo para conservar el gobierno de Sinaloa.

Y ahí radica otra diferencia fundamental.

Ser popular no siempre significa ser competitivo. Un político puede tener un alto nivel de conocimiento público y, al mismo tiempo, enfrentar altos niveles de rechazo.

Otro puede ser menos conocido, pero contar con mejores condiciones para crecer durante una campaña constitucional. Es precisamente ese tipo de análisis el que realiza la dirigencia nacional antes de decidir quiénes avanzan hacia la encuesta definitiva.

Por esa razón los aspirantes cuidan tanto su discurso.

Difícilmente escucharemos a alguno proclamarse candidato o prometer acciones propias de una campaña constitucional.

La convocatoria establece reglas claras sobre lo que puede y no puede hacerse.

Hablan del movimiento, de la continuidad de la Cuarta Transformación, de la organización territorial y de la unidad partidista porque conocen perfectamente los límites del proceso. Saben que cualquier exceso puede convertirse en un elemento negativo cuando llegue el momento de la evaluación interna.

Otro factor que suele perderse de vista es que Morena no toma decisiones aisladas por estado. La dirigencia nacional observa el mapa completo del país.

La definición de coordinadores también considera criterios de paridad de género, equilibrios regionales y estrategia electoral nacional.

Lo que ocurra en otras entidades puede influir indirectamente en Sinaloa, porque el partido busca mantener una distribución política que responda a una visión nacional y no únicamente a intereses locales.

Eso explica por qué algunos analistas consideran prematuro hablar de favoritos definitivos.

Los escenarios todavía pueden modificarse conforme avance el proceso. Los recorridos continúan, las mediciones cambian, los acuerdos políticos evolucionan y la propia Comisión Nacional de Elecciones mantiene la facultad de definir quiénes llegarán a la etapa decisiva.

Mientras tanto, los ciudadanos observan una intensa actividad política que, vista desde fuera, parece una campaña. En realidad, todavía no lo es. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, dice un refrán.

Lo que hoy ocurre es una etapa de posicionamiento. Una carrera por demostrar que se poseen las condiciones necesarias para seguir compitiendo.

Una evaluación permanente donde cada fotografía, cada reunión, cada declaración y cada recorrido forman parte de una construcción política que será observada cuando llegue el momento del primer gran filtro.

Quizá por eso la pregunta que domina la conversación pública esté equivocada.

No deberíamos preguntarnos quién encabeza la encuesta publicada esta semana ni quién reunió más personas en determinado municipio.

La interrogante verdaderamente importante todavía es otra…

¿Quién logrará convencer a la Comisión Nacional de Elecciones de que merece aparecer en la encuesta que realmente decidirá el futuro político de Morena en Sinaloa?

Porque, al final de cuentas, la primera victoria de este proceso no consistirá en ganar una encuesta.

La primera victoria será sobrevivir al filtro.

Y en política, como tantas veces ocurre, las decisiones más trascendentes suelen tomarse mucho antes de que la ciudadanía alcance a ver la meta.

Así que no se me le alebresten y no cambien el guion del proceso interno de Morena. Calmantes montes…No todo el que se apunta llega al baile…

marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx

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