No cabe duda de que cuando se pretende eludir la realidad, se inventa cada fantasía. Esto es especialmente palpable en las diversas interpretaciones que los miembros de la 4T están haciendo respecto a la contundente derrota que sufrió Morena en las elecciones del estado de Coahuila. Desde teorías sobre un presunto intervencionismo estadounidense en los procesos políticos mexicanos hasta afirmaciones infundadas de un megafraude electoral perpetrado por el gobierno local, la imaginación vuela para ocultar la verdad más sencilla: la ineptitud y falta de acierto del propio movimiento gobernante.
Resulta enternecedor observar cómo, ante la derrota, para la 4T y Morena siempre hay que negar su incompetencia e incapacidad para gobernar eficazmente. Es más fácil culpar a los “gringos” o a cualquier otro factor externo que aceptar sus propios errores y la desconexión con la realidad del país. Sin embargo, lo ocurrido en Coahuila no puede comprenderse sin recordar que ahí gobierna un PRI fuerte, sólido desde 1929 y con una organización social y política bien enraizada, respaldada por 150,000 afiliados. Esta estructura ha funcionado porque el PRI ha sabido consolidar su poder a lo largo de casi un siglo, y el actual gobierno estatal de Manolo Jiménez ha resultado exitoso, derrotando al todopoderoso morenismo que, a nivel nacional, ha convertido los programas sociales en una maquinaria clientelar.
La 4T parece vivir en un mundo aparte, donde ni entiende ni quiere entender que el fracaso no es responsabilidad de complots extranjeros, sino de sus propias decisiones y políticas erráticas. La metáfora del dueño del burro atrapado en la noria es perfecta: en lugar de sacar al animal, se empeña en enterrarlo, solo para que el burro, en efecto, suba y salga por encima de la adversidad. Así ocurre en Coahuila: a pesar del monopolio del poder federal por parte de Morena, la incapacidad para gobernar, cohesionar y dirigir está provocando división, violencia y un creciente ambiente de inseguridad.
¿Quién, en su sano juicio, pensó que establecer una “Cuarta República” con estos actores iba a resolver los problemas históricos de México? No han comprendido —y esto es lo verdaderamente preocupante— que la autocracia neoliberal o dictatorial no une, sino que somete y divide. Quitar libertades y derechos no consolida un proyecto político legítimo, solo engendra resistencia y fractura social. Coahuila es prueba fehaciente: un bastión priista que resiste no por capricho, sino porque representa un modelo más funcional ante la evidente falla del experimento morenista.
Que el éxito ajeno —como el de ese gobierno estatal— sirva de espejo para la reflexión. Porque negar la realidad y refugiarse en fantasías solo conduce a perpetuar la incompetencia. Más vale reconocer errores que construir castillos en el aire. En política, como en la vida, la verdad duele, pero solo enfrentándola se puede aspirar a mejorar.