El pasado 8 de junio, justo cuando el rector Jesús Madueña presentaba su informe de labores ante la comunidad universitaria, apareció en el periódico nacional Milenio un artículo titulado “El pacto, la carta y la orfandad política: ¿cómo la UAS llegó a la crisis?”, firmado por Amílcar Salazar Méndez. Un título larguísimo, digno de los viejos tiempos donde el encabezado más extenso que el texto mismo buscaba llamar la atención dejando a la vista una clara intención: vender una trama mafiosa para desprestigiar a la Universidad Autónoma de Sinaloa y a su rector.
Recordé las épocas del izquierdismo dogmático y panfletario, cuando sin necesidad de pruebas ni argumentos serios, cualquier crítica servía para descalificar y derribar a quien estuviera en el poder. Hoy, aunque estemos en otro contexto, el modus operandi es similar: ataques mal cimentados, sin fuentes concretas ni sustento real, dignos de encargos ocultos cuyos autores bien podrían ser fantasmas o intereses subterráneos que prefieren a la UAS en crisis y sin liderazgo.
El autor asegura que la universidad vive una crisis financiera al borde de la quiebra, señalando que todo gira en torno a “un pacto roto” entre Rocha Moya y el exrector Héctor Melesio Cuén, junto con la supuesta carta del capo Ismael “El Mayo” Zambada donde confesó haber sido convocado como mediador. No obstante, jamás aparece una entrevista ni una voz oficial que corrobore esas afirmaciones; la única referencia sólida parece ser Juan Manuel Partida, presidente de la Asociación de Periodistas de Sinaloa, quien mantiene una riña personal con las autoridades universitarias luego de que dos de sus hijos fueran afectados por una reingeniería administrativa.
Ese paquete de recortes laborales, que incluyó a más de 200 empleados de confianza, fue una medida dolorosa pero imprescindible para enfrentar la crisis financiera que menciona el texto. Sin embargo, la animadversión personal se desborda hasta insultos dirigidos contra el rector, como si de esa manera se pudiera legitimar una narrativa de desastre inminente. El artículo de Milenio, lejos de un análisis objetivo, resulta ser un pegoste desordenado de dichos y sospechas lanzadas al aire con la intención evidente de dañar la imagen de la institución.
Lo más perverso del texto es la introducción, donde se señala que Jesús Madueña llega a su segundo informe sin el respaldo del gobernador Rubén Rocha ni de la federación. La insinuación es grave: como si fuera una sentencia anticipada contra la universidad. Según el artículo, la UAS estaría huerfana de apoyo político y financiera al borde del colapso. Y aquí el engaño es mayúsculo, porque todas las decisiones recientes —incluidos los recortes y ajustes administrativos— responden a indicaciones estrictas de la Secretaría de Educación Pública federal, en especifico de Ricardo Villanueva Lomelí en la Subsecretaría de Educación Superior.
Es decir, lo que se presenta como abandono y crisis son en realidad resultados de un proceso pactado y supervisado a nivel nacional para corregir un rumbo y garantizar la viabilidad de la UAS. Que este artículo aparezca justo el día del informe del rector no puede considerarse casualidad. Más bien, huele a operación coordinada para sembrar dudas y desconfianzas justo cuando la universidad intenta mostrar sus avances y afrontar retos complejos.
Esta campaña de desprestigio parece tejida con hilos invisibles, retazos de resentimientos personales, rumores infundados y hasta la sombra de intereses ajenos a la academia. Si algo deja claro esta historia es que la UAS no está sola ni abandonada: enfrenta un escenario difícil, sí, pero con voluntad de cambio y respaldo institucional. A fin de cuentas, las verdades que se construyen sobre rumores siempre dejan rastro, y ojalá que en este caso podamos equivocarnos y desenmascarar pronto la red perversa que pretende socavar a una de las principales casas de estudios del país.
Porque la universidad es mucho más que peleas internas y titulares amarillistas; es un patrimonio social que merece respeto y claridad, no conspiraciones disfrazadas de notas periodísticas. Así que, mientras tratamos de entender esta maraña, mantengamos la mirada crítica y el compromiso por defender a la UAS de atacantes sin rostro y sin fundamentos, dispuestos a sembrar crisis donde sólo hay voluntad de salir adelante.