Morena, como el PRI en sus momentos más aciagos, está viviendo una crisis que ya se vislumbra en el horizonte nacional. Es increíble cómo algunos de sus principales representantes actúan como si la sociedad fuera una masa inerte, sin capacidad de análisis ni juicio propio. Como si los mexicanos no pudieran ver lo que sucede con sus propios ojos, ni entender las consecuencias de un gobierno que, lejos de mejorar el país, lo ha sumido en una de las peores crisis que hemos visto en la historia reciente.
Los personeros de Morena se refugian en discursos vacíos, esa cantaleta repetitiva que suena a “atrapa bobos”: “la institución no falla, fallan los hombres”, o el clásico “Morena es tan grande que lo que pasa no le afecta”. ¿En serio? Hay que tener una caradura impresionante para sostener eso cuando el barco se está hundiendo y ellos siguen tirando agua al mar como si nada. La Senadora Imelda Castro y diputado federal Alfonso Ramírez Cuéllar se atreven a declarar con total desvergüenza, pretendiendo evadir cualquier responsabilidad por el desastre que representan como líderes de la 4T.
Ramírez Cuellar, sin mencionar siquiera al gobernador con licencia Rubén Rocha ni a sus cómplices también señalados, y la senadora Imelda Castro dice que “venimos a ayudar a Sinaloa”, como si los sinaloenses fueran tontos o vivieran en la luna. Repite la misma tontería de siempre: “Pruebas no hay, pruebas no hay”, y siguen con esa historia de inocencia y soberanía, pero sin el mínimo recato para reconocer que este gobierno convirtió al país en algo mucho peor. La bandera del combate a la corrupción, que tanto pregonaban, ahora es un estandarte manchado de entrega de instituciones a manos criminales. Creían ser “los buenos”, los diferentes que venían a salvarnos, pero olvidaron decir que ese “salvamento” era solo para ellos, no para el pueblo mexicano.
Hoy quieren seguir con sus discursos pseudosociales y pseudodemócratas, ignorando que su propia casa —la 4T— se está cayendo a pedazos. Ya inició el desfile de sus hermanos en fechorías camino a la cárcel, y ellos ni siquiera se inmutan. No les pedimos actos heroicos, ni sacrificios imposibles; solo muestras mínimas de pudor, un poco de vergüenza. Que tuviesen la humildad suficiente para reconocer ante México y Sinaloa el fracaso que son, producto de sus desatinos, excesos y mentiras. Pero no, pretenden seguir engañándonos, como si no existiéramos, como si pudiéramos simplemente olvidar.
Para colmo, este fin de semana la senadora Imelda Castro y Alfonso Ramírez Cuéllar reiniciaron su precampaña electoral —de manera completamente ilegal— para intentar sustituir al gobernador con licencia Rocha. Lo hacen con la mística del oportunista descarado, diciendo “a ellos que les vaya bien en los tribunales de Estados Unidos”, mientras ellos siguen con su circo político, como si la sociedad mexicana no tuviera memoria ni dignidad.
Son insensatos al extremo. Ni siquiera piensan en la profunda crisis que viven y que arrastran al país. Les importan poco las consecuencias sociales de sus errores y mentiras. No hay autocrítica, no hay responsabilidad. Solo queda esperar que la sociedad, cansada de tanto cinismo y descaro, les pase factura pronto. Porque Morena y sus voceros, hoy más que nunca, están a punto de convertirse en el partido de la complacencia, la impunidad y la negligencia, y eso, amigos, no podemos permitirlo.