tu hijo

Pocas etapas de la vida son tan difíciles como la adolescencia. El paso de la niñez al mundo adulto es un momento confuso y delicado para nuestros hijos, y necesitan de nuestra presencia y apoyo para atravesar un camino que les hará dudar de sí mismos en más de una ocasión. 

Dedícale tiempo

Aunque nuestros hijos se hagan mayores no debemos renunciar a las actividades en familia. Podéis salir todos juntos a cenar, a ver una película en el cine, hacer una excursión por el monte o practicar algún deporte en familia. Que vean que somos capaces de aparcar nuestras obligaciones y preocupaciones para pasar tiempo con ellos estará alimentando su autoestima.

 

Del mismo modo, buscad los momentos para estar juntos también en casa. Que el vuestro sea un hogar donde se pueden compartir las penas y alegrías, y en el que no se propicie el aislamiento prolongado en las respectivas habitaciones. No os saltéis la comida y la cena en familia, es más importante de lo que parece para afianzar lazos y crear un clima de seguridad, fundamental para la autoestima del adolescente.

 

No evites los halagos: los necesita

No nos damos cuenta de ello, pero seguramente no les decimos a nuestros hijos con demasiada frecuencia aquello que hacen bien. Pero deberíamos hacerlo, y no solo cuando se trate de logros que han conseguido: también debemos de ser capaces de elogiar sus esfuerzos, aunque no obtengan el resultado deseado. Los halagos, cuando son justificados, estimulan a los niños y les hace sentir orgullosos y seguros de sí mismos.

 

Si nuestro hijo tiene baja autoestima puede que desconfíe de sus logros, aunque se los reconozcamos con claridad. Pero si nuestro reconocimiento es sincero y adecuado, sabrá detectar que no estamos tratando de hacerle sentir bien sin más, y le hará sentirse valorado.

 

Pide su opinión

Si hay algo que reclama un adolescente, aunque no lo verbalice de forma directa, es ser tratado como un adulto. Es cierto que cuando piensan en el mundo adulto lo hacen fijándose en las supuestas ventajas y no en las obligaciones. Pero, del mismo modo que debemos exigirles responsabilidades acordes a su edad, también podemos contar con ellos a la hora de tomar ciertas decisiones. Por ejemplo, puedes preguntarle su opinión para elegir un nuevo mueble para la casa o para que te ayude a decidir el menú si hay invitados… si te habitúas a hacerlo encontrarás cada vez más momentos para tener en cuenta su opinión, mientras que le haces sentir cada vez más útil y parte de la casa.

 

Apóyale para que haga aquello que le gusta

Es algo inherente a la condición humana: necesitamos sobresalir en algo, aunque ese algo no sea relevante, porque lo cierto es que anhelamos descubrir qué es aquello que hacemos realmente bien. Y nuestros jóvenes adolescentes no iban a ser menos. De hecho, un adolescente inseguro, con baja autoestima, seguramente piense que no hace nada bien. Pero tú, que eres capaz de mirarle con tanta objetividad como amor, ya sabes qué es aquello en lo que tiene destreza y puedes ayudarle a encontrar la forma de desarrollar su talento para la pintura, el deporte, la danza, la música…

 

Pero también es necesario que te dejes sorprender, y que cuando te pida tu apoyo para tocar el bajo en un grupo de música o para hacer algún tipo de arte marcial que desconozcas pueda contar contigo. No se trata de que inviertas grandes cantidades de dinero en aficiones que pueden ser efímeras, sino que sepa que cuenta contigo para llevar a cabo aquellas actividades que le hacen sentir bien.

 

Fuente: Hola.com

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