COLUMNA PALCO PREMIER DEPORTES JORGE LUIS TELLESok

  • Significó el tercer campeonato de la historia para Tomateros

 

 

  • Su número, el 18, será retirado en diciembre venidero

 

 

Bruce Kevin Stanfield retira con facilidad el primer bateador de la parte baja del noveno episodio y un fuerte aroma a extra innings se expande a lo largo de las tribunas del estadio “Angel Flores”, vestidas por un lleno sencillamente impresionante. Es el sexto juego de la serie final de la temporada 1977-1978 de la Liga Mexicana del Pacífico, entre Tomateros de Culiacán y Cañeros de los Mochis.

Domingo 29 de enero de 1978, las manecillas caminan hacia las 7 de la noche – un partido de menos de dos horas de duración, algo que ya no se ve en ningún lado – y la atmósfera en el parque está cargada de electricidad. Los aficionados, al filo de la butaca. Gran tensión.

Tomateros de Culiacán, en búsqueda del tercer campeonato de su historia, tiene ventaja de 3-2 en la serie y de perder este encuentro todavía tiene mañana. Cañeros de los Mochis, no. Los verdes quieren su segundo título y han venido de atrás en toda la lid. Saben que de ganar, la presión estaría contra los guindas y han sido grandes rivales a lo largo de la confrontación.

Stanfield ya colgó nueve argollas, con apenas un par de hits admitidos. Le ha mantenido el duelo de pitcheo al zurdo Tomás Armas, que apenas ha aceptado un imparable. Dos colosos sobre el centro del diamante, frente a frente. Un duelazo.

Hay nerviosismo e impaciencia entre los aficionados. Una posible derrota significaría la resurrección de los Cañeros al extender aquello a siete partidos. Perder era inaceptable.

Está Jesús Sommers en la caja de bateo.

Se le ve seguro, determinado, con el bat sujetado con firmeza por sus manos.

Kevin Stanfield le abre con un lanzamiento pegado, que Sommers elude con un pequeño salto hacia atrás. Luego le cruza dos rectazos por la zona de estricke y Chucho raya la el suelo a un lado del pentágono. El cuarto pitcheo no llega a su destino: Jesús conecta un lineazo por entre jardines izquierdo y central, que solo tarda un par de segundos en surcar el espacio. La pelota está del otro lado y allá se la disputan los aficionados que seguían el juego, de atrás de la cerca. Jonron. Culiacán es campeón del poderoso circuito invernal por tercera vez en su trayectoria dentro de la Liga Mexicana del Pacífico.

Sommers tira el bat y comienza a trotar lentamente sobre los senderos, en medio del delirio colectivo. Ganar un campeonato en este circuito es cosa de orgullo regional. De paisanaje exacerbado y de disfrute social y familiar.

De ese equipo de la temporada 1977-1978, dirigido por Raúl Cano, es el cuadrangular de Sommers lo más recordado, en efecto; pero la verdad de las cosas es que aquellos Tomateros formaban un equipo impresionante, completo en todas las líneas, especialmente en el bullpen, donde tenían a dos estelares del beisbol mexicano en su mejor momento: Sid Monge y Aurelio López.

Lo de Chucho Sommers, sin embargo, es un episodio inolvidable para los aficionados de la época. Y para los nuevos, también.

= DE LA GLORIA AL OSTRACISMO, EN COSA DE HORAS =

Y bien.

Un detalle prácticamente inadvertido, del cual se escribe poco y del que nadie habla; pero pasó. El autor de Palco Premier lo vio directamente. Nadie se lo ha contado. Aconteció: en cosa de horas, Chucho Sommers pasó de la gloria al ostracismo, al menos en la vida interna del club Tomateros.

En efecto, un par de días después de la coronación y a punto de viajar a Mazatlán para representar a la Mexicana del Pacífico en la Serie del Caribe de 1978 (la primera en suelo sinaloense) se llevó a cabo la tradicional cena para la celebración oficial del campeonato. Juan Manuel Ley, presidente del club, encabezaba obviamente el animado convivio en el salón principal del hotel Executivo.

Todo marchaba bien, acorde al guion. Júbilo entre los peloteros y sus familias. Música viva. Discursos. Camaradería y deseos de éxito para la competición caribeña.

Hacia el final, sin embargo – cuando todo mundo se apretaba a marcharse – Sommers se acercó a la mesa principal; se colocó frente a Juan Manuel Ley y le reclamó el monto del premio económico, derivado del campeonato. El tono de voz de Jesús molestó de sobremanera a Juan Manuel, quien puso fin a la discusión; pero, para entonces, ya el ambiente se había enturbiado.

El coraje de Juan Manuel por lo que consideró una verdadera falta de respeto, fue más allá: el primer refuerzo que llamó para la Serie del Caribe, fue un tercera base: Aurelio Rodríguez, uno de los mejores peloteros mexicanos de todos los tiempos.

-Invito a Aurelio por su indiscutible calidad; pero también porque no quiero más a Sommers en el equipo. Lo que me hizo el martes fue una grosería – le dijo, en su propia oficina de La Plaza

Ley al autor de Palco Premier, entonces un jovencito de 24 años de edad, que se abría paso en la crónica deportiva del noroeste del país, desde su más querida trinchera: el Sol de Sinaloa.

Sommers de todos modos fue a Mazatlán e incluso recuperó la titularidad de la antesala, como resultado de un extraño movimiento ideado por el manager Raúl Cano: Mario Mendoza, el para corto del equipo (también refuerzo) quedó fuera de acción en la misma jornada inaugural. Raúl, entonces, movió a Aurelio Rodríguez al short stop – Juan Navarrete estaba en la segunda; Willie Aikens en la primera y Paquín Estrada en la receptoría – y colocó a Sommers en tercera.

Tomateros tuvo una mala actuación en su primera Serie del Caribe: solo ganó un juego y perdió cinco. Los peloteros del equipo original estuvieron en plan de rebeldía contra el manager, a raíz de la decisión de Cano en el sentido de darle prioridad a los refuerzos, sobre los integrantes del team que habían ganado la corona, días atrás.

Sommers no regresó para la temporada siguiente; pero si volvió a ser parte de la organización: jugó durante siete temporadas y levantó un porcentaje de .254 en ese periodo. Magnifico para una pelota tan fuerte como la Mexicana del Pacifico.

A final de cuentas, Juan Manuel fumó la pipa de la paz con Chucho y todo quedó en el olvido. El clásico “pelillos a la mar”.

= CEREMONIA, EL 13 DE DICIEMBRE =

Bueno.

Apenas hace unos días, la directiva del club Tomateros de Culiacàn – a través del asesor del presidente ejecutivo, Jaime Blancarte Pimentel – anunció la retirada del número 18 del inventario de casacas del equipo guinda. Justo el número que portó Sommers a su paso de siete campañas con Culiacán.

El acto tendrá lugar el jueves 13 de diciembre del año en curso, en un lapso del partido entre Tomateros de Culiacán y Aguilas de Mexicali, organización para la que hoy trabaja Chucho, en el ámbito deportivo.

Además de aquel histórico cañonazo de vuelta entera – a mi lado, el jovencito Fausto Castaños gritaba y saltaba como poseído, cuando aquello ocurrió – hay otras razones que justifican el acuerdo de la directiva: .254 de porcentaje, resultado de sus 285 hits en mil 119 turnos legales; 15 jonrones y 115 carreras producidas.

Decisión justa, la de los directivos y apegados a lo que fue real, no una ilusión: aquel episodio histórico, narrado por Agustín D. Valdez, con el estilo que le significó un reconocimiento universal: el mejor cronista deportivo de México (radio) en todos los tiempos.

Salud por esto, pues.

= EL COLOFON =

Y hasta aquí por hoy. Ya nos vamos, con nuestra invitación a que lea Palco Premiere en www.tomateros.com y en www.jorgeluistelles.com. Otras columnas especializadas en deporte, enriquecen el inventario: Fernando Ballesteros, Fausto Castaños, Alberto Camacho Sarabia y Antonio Velázquez Zárate, por ejemplo.

Que Dios los bendiga

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