columna juan manuel partida circular

Como si no nos tuviera suficientemente hartos de sus corrupciones e ilegalidades, el cínico y desvergonzado Enrique Peña Nieto acaba de “perdonar” a Elba Esther Gordillo, retirando todos los cargos en su contra y liberándola de prisión.

Tenían montones de pruebas y además la sólida percepción social de que la “maestra” es culpable y debe ser castigada, pero el presidente vaselinas y su gobierno se vuelven a burlar de los mexicanos.

Desaguan de fea manera al exterior del orificio, si es así como pretenden construir el “nuevo” PRI que aseguran llegará pronto.

Es un acto de corrupción institucional más, como muchos otros; un insulto descomunal del agonizante gobierno federal.

Así funciona nuestra “justicia”, a conveniencia del poder.

Si fue una decisión propia o consensada con los que vienen, para el caso es lo mismo: no puede haber más responsable que el primer mandatario de la nación.

Cierra casi así su gobierno el que por fortuna está a punto de irse, sacado a patadas por treinta millones de mexicanos.

Lo peor de todo es que ni le mortifica.

Hasta parece que está convencido de que la puede zurrar otro poco más, en su absurda y risible creencia de que ha hecho montones de cosas muy fregonas y positivas para el país.

Su partido cómplice, es también responsable.

Y de la misma manera, a sus dirigentes parece ni importarles.

Que por ello se sigan hundiendo merecidamente en el repudio nacional, es nuestro más sincero deseo.

Ya tenemos presidente electo.

Con un poco de retraso, acreditado a los recursos legales contra la elección nacional, particularmente por el Partido Encuentro Social.

Se cumple para bien la formalización de lo que fue un claro mandato ciudadano, expresado en el voto de más de 30 millones de mexicanos.

Como ha sido costumbre, el futuro presidente de la república tiene ya un gran poder.

Sucedió antes y sucede ahora; no es novedad, pues.

Queda nada más esperar a que Andrés Manuel López Obrador tome legalmente las riendas de la administración pública federal, y a que cumpla los muchos compromisos de cosas positivas que hizo ante el pueblo, unos esperanzados y otros escépticos.

Como mexicanos, tenemos todos nosotros la obligación civil de respaldar al gobierno, cualquiera que sea su color, y sobre todo actuar como vigilantes permanentes: reconocer lo que se haga bien y repudiar lo que no se haga o resulte indebido.

Porque la elección ya pasó, y la mayoría de los que votaron decidió.

A darle pues en esa doble responsabilidad de vigilar tanto lo bueno como lo malo.

En medio de las polémicas nacionales con el tabasqueño a la cabeza, también hay revuelo local ante una serie de hechos que se señalan como ilegales o irregulares.

Los préstamos a gobiernos municipales, la remodelación del Centro de Ciencias, el intento frustrado de reformas constitucionales a modo, entre otras cosas más.

Confiesa quien esto escribe la falta de información documental sobre esos asuntos.

Conocemos solamente los sospechosismos y las defensas institucionales.

Ojalá y nos alimenten de información, para ampliar nuestros comentarios.

En esa práctica que líneas arriba señalé, de ser vigilantes, reconocedores o críticos según lo que se haga o deje de hacer.

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